Dicen por ahí que lo que tengo dentro del pecho es el resultado de una pasión incontrolable, de mi deseo de poseerte y de mis ganas de brillar a través de ti. Que para amar se requieren años, que no puedo amarte, que debo estar enamorado. Nadie sabe lo que hubo entre los dos, sólo conocen lo que hemos contado de nosotros. Pero lo que realmente sucedió nadie lo sabe, eso es algo tuyo y mío como celosamente siempre quisiste guardarlo. Quisiera sólo estar enamorado, quisiera sólo necesitarte. Realmente me gustaría que un tiempo me cure y que se se arrancara de mi pecho con todo y su raíz el árbol que sembraste. Dirán misas y harán consensos, pero en tu pecho también hay raices mías. Savia que brota de mi alma hacia la tuya. ¿Quién asegura que tú no siembras? ¿quién asegura que no echas raíces? ¿Quién te ha visto a los ojos y conocido tu alma? Tienes que recordar las manzanas. Plantaste y no sólo una semilla sino un huerto entero, dejaste que plantará en ti y no sólo una semilla sino un huerto entero. Tienes que recordar el trebol de cuatro hojas, lo hallaste. Un día me pediste que te recordara tus palabras. Aquí están, jamás olvidé, jamás ignoré. Tus palabras vuelven a ti:

“Ella dijo: Un día encontré un trebol de 4 hojas (y realmente lo encontró)”

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