Reloj de arena
Tic, tic, tic… escucho caer grano a grano en el recipiente inferior. Tic, Tic, Tic… sonido uniforme que hipnotiza. A lo lejos el mar comienza a tomar color. De un oscuro negro a un azul intenso, intenso como el amor desaforado de un loco. Tic….tic…. tic… cada vez más pausado. Tic… el último grano ha caÃdo. El sol ilumina pleno el paisaje, las nubes son blancas y hermosas, hay aves volando y mariposas juegan cerca de las olas. Viento, el viento me baña la piel y me renueva el alma. Se lleva lo que quedaba de ti en una bolsita negra, cerrada. Te arranca con fuerza de mi corazón y mi alma, y la herida sana de inmediato, veo que te alejas, en una bolsita negra cerrada. Suspiro aliviado. Mi mirada comienza de nuevo a enfocar correctamente. Mi cara se destensa, mis hombros dejan de doler. Te vas alejando, te vas perdiendo entre la arena, enterrada, debajo de la arena negra, no la hermosa arena café con la que juegan mis pies descalzos.
Una mano sobre mi hombro me interrumpe de seguir con la vista tu entierro, una mano cálida y real, sencilla y profunda. Me aprieta el hombro con dulzura y por fin voltéo. Es ella. Ella la flaca, la auténtica no la impostora. Ella la real. Dios mÃo, ¿es esto posible? Se sienta en la arena a mi lado y clava su vista en el horizonte. En silencio… cuanto extrañaba este silencio. La miro absorto, con ganas de llorar y de hacerle el amor al mismo tiempo. Ella me mira y sonrÃe con esa sonrisa limpia y tierna. Por fin, reconozco la mirada. No dice nada, descansa su cabeza en mi hombro y juntos continuamos mirando al mar, ahà donde el cielo y las aguas se reunen. Le tomo la mano y con dulzura la aprieta. Esta es la mirada que buscaba, esta es la sonrisa que esperé tantos años, esta es la razón de lo aprendido, de la preparación, del curso intensivo… si no hubiera vivido el infierno, no valorarÃa el cielo.
Aquà está a mi lado. Gusta del mar, y canta. No como cantan las sirenas que sólo desean arrebatarte el alma por envidiosas, sino como un ángel. Un verdadero ángel lleno de paz, de dulzura, de belleza, de juventud, de experiencia y de madurez.
¿Como extrañar nada de ayer? No. No se extraña. No ahora que el reloj de arena terminó su flujo. No ahora que me encuentro con la flaca, la real, la única. Una flaca cuya única adicción es el amor, un ángel que canta para dar vida y no para invadir de muerte.
¿A quien enterrabas? A nadie, a nadie importante. Cántame de nuevo, tu voz es mi faro, y déjame mirarte mientras cantas, porque en tus ojos existe el sol y el dÃa, la paz y la armonÃa. Bienvenida Flaca. Llegaste a tiempo.
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