¡Concedido!

En la madrugada previa a este viaje no estuve tranquilo hasta que quedó todo en orden: la maleta con todo lo que contendría, el backpack con todo lo que utilizaría, las notas en la tarjetita index de papel en dónde me aseguré de apuntar todo. De los vuelos: la reservación, horarios, números de vuelo, operador. Del hotel: dirección completa, teléfonos, distancia desde el aereopuerto, tiempo de recorrido. Del lugar del Simposium: dirección, distancia desde el hotel, ruta sugerida, teléfonos. Eran las 2 de la mañana y yo no conseguía apagar la computadora copiando y recabando datos, acomodando todo en una simple tarjetita index.

Caí en la cuenta que tengo mis ritos cuando viajo. La maleta invariablemente queda en el piso a los pies de la cama, abierta, por si algo en la mañana se me olvida lo pueda meter. A su lado el equipaje de mano, en este caso mi inseparable backpack negra. Así queda antes de cada viaje. Recorro con la vista cada rincón de la habitación para cerciorarme que nada se me olvida.

Wao… pero que meticuloso soy. Si supieras cuánto tardé arreglando el backpack. Horas. Acomodé todo en su compartimento especial. Es importante que no se “abulte”, que se vea ordenada, linda. Metía y sacaba cosas hasta que finalmente luego de mucho tiempo (mucho de verdad) quedó a mi gusto. La revisé una vez lista, me la puse, verifiqué que estuviera “balanceada”, que lo largo de los tirantes fuera el correcto, que la cinta de la cintura estuviera en posición, y bueno… todo. Y ahí descansaba al lado de la maleta abierta, en el piso también. Debajo del espejo. A los pies de mi cama.

Miré el reloj después de muchos otros “rituales” que ya no contaré porque de verdad creo que tengo demasiados cuando viajo y acabo de caer en la cuenta. Finalmente eran las 2 de la mañana como bien dije en el primer párrafo. Estaba tan cansado que no tenía sueño. Prendí la tele y la apagué. No hay nada más que infomerciales y películas cachondas. Por fin, apagué todo. Cerré los ojos y cuando comenzaba a coinciliar el sueño me dije suspirando: “si tan solo pudiera atrasar el dolor una horita nada más…”

Efectivamente. Abrí los ojos sobresaltado por una súbita excitación (entiéndase como emoción, no como excitación por las películas cachondas) y pensé, pensé, pensé, pensé, pensé… algo se me olvidaba… ¿podía ser cierto? ¿Se me estaría concediendo una horita más de tiempo de sueño? Hace semanas que no enciendo mi tele, no me culpes por no saber como todo el mundo que terminaba el horario de verano y debía atrasar mi reloj una hora. Alivio.. una hora más de sueño… deseo concedido… A momí…

Conexiones Inconexas

Hice mi viaje con escala en Ciudad de México. No me fui directo esta vez. Llegamos, aterrizó el avión, y se estacionó en la mitad de la nada… sí.. de la nada… en mitad de todas las pistas. Al rato llegó un camioncito de esos que transportan gente y siguió al avión hasta el hangar de la PGR. No es broma. Ahí terminó su “taxing”. Justo en el hangar de la procuraduría federal de la república. No pude evitar imaginar una historia de acción, en donde los AFIs eran los héroes y por alguna razón los SWAT eran mexicanos también. Pero no, bajamos al camioncito, y nos llevó de paseo como 15 minutos. Yo miraba mi reloj, y miraba mi reloj. Me acordaba de la mamá de la chica que nos programa los vuelos. Estaba dando mi recorrido turístico por el Internacional de la Ciudad de México y eran las 8:45 a.m. el vuelo a IAH era a las 9:20 a.m.

Como siempre, la suerte está del lado del pasajero en apuros. El camioncito nos dejó en las bandas de equipaje. A ver, atención. Las bandas están al principo de todas las salas. Las salas internacionales están justo al otro lado del aereopuerto. Y además, mi equipaje estaba documentado hasta IAH. En pocas palabras, tuve que salir de nuevo y correr, literalmente correr por todo el pasillo del aereopuerto con mi backpack fielmente agarrada a mi espalda. Pero no creas que por dentro de las salas. No… por fuera.. salí de las bandas porque no me dejaron subir y tuve que hacer ingreso por seguridad de nuevo. Claro, en la sala internacional, la cual está muy lejos a pie, muy muy lejos cuando tienes 20 minutos para la conexión, y traes estos zapatos cafés que son comodísimos para caminar pero horribles para correr. Corrí… Corrí… corrí… Sala B, llegadas nacionales y yo no llego sino que me voy y no en nacionales, así que sigo corriendo.. sube escaleras, bajas escaleras, corre.. .corre… Por fin un letrero que dice: “Salidas internacionales” y el filtro de seguridad sin gente. Corró, y sigo corriendo. Paso seguridad sin problemas (ya me la sé de memoria) y salgo al pasillo… ahora sí el pasillo de las salas de abordaje. Pues estoy en la 19… justo de las primeritas de las salas internacionales.

Me asomo a un monitor para esperar la información de mi vuelo… a los 3 minutos de silencio (relativo, lo que se oía era yo tomando aire a bocanadas como pescado fuera del agua) apareció y leo con cuidado: Aeroméxico, Houston TX, Sala G… Ok… Sala G… prepárate a correr Joel, vas a la sala G… una, dos y….. espera.. ¿Sala G? ¿Porqué no dice el número de la sala y dice “Sala G” sólamente? Poli, alcanzó a emitir tragando aire todavía con dificultad, “¿ond sta sal je?” y el poli como es multilingüe entiende y compresivo me dice mientras sonríe burlón: “Uyyyy Joven… pos la sala G es de aquí de la 19 a las 34…osease como quien dice, es toda la zona internacional” No pos si… Gracias mi poli, a correr… ok…¿pa donde? Pa bajo… ok.. corro.. aguanta, aguanta, aguanta… dice: “Vuelos provenientes del caribe y sudamérica” y giro 180 grados, corro, y paso al lado del poli amable y comprensivo.

20, 21, 22, 23… Ni una sola sala es de aeroméxico para preguntar por el vuelo. ¿Y si estoy corriendo para el otro lado? Bueno, en la sala 26 hay un modulo de información… ahí llego y alcanzo a decir… no, no alcancé a decir nada. Puse mi pase de abordar en las manos de la señorita y ella lo tomó para leerlo. Yo estaba ínteresado en no desmayarme nada más por la falta de oxigeno. ¿Cual sala crees que era? ¡Claro! ¡la 34! Eso quiere decir, la última. Corrí desde la banda 1 de equipajes hasta la sala 34. Con la remodelación del aereopuerto, les quedó muy lindo y todo, pero ¡qué lejos está la sala 34 si te arrancas desde la 1!

Iba ya en la sala 32 y por el sonido local comienzan el anuncio: “Buenos días, bienvenidos pasajeros del vuelo 472 de aeromexico con destino a la ciudad de Houston, estamos comenzando el abordaje” ¡No inventes! ¡Todavía estoy a 2 salas de llegar! (ojo, de la sala 26 hay que atravesar un tramo muy largo para llegar a la 27 y luego otro muy largo para llegar un pasillo con muchas flechas (como el bosque de Alicia) donde dice: “Salas 35 a 30″)

Llegué en Safe. El poli hasta me gritaba “bárrete, bárrete”.

Por fin. En la fila de acceso. Lo demás no tiene nada de interesante. Seguridad otra vez, buscar asiento y sentarse. Suspirar.. por fin…

Compañeros de viaje interraciales

El avión es de los que trae 6 asientos por fila separados por el pasillo, 3 de un lado y 3 del otro. Tenia cerrados los ojos intentando recuperar el ritmo cardíaco y alguien me tocó el hombro. Abrí los ojos con cara de “¡Qué!” y una vocecita tierna con un español muy malo me dice: “Usted perdona mi, yo creo que debo sentarme a su lado”. Una mujer de unos 35 años hermosa. Con un cuerpo de chamaca de 22 y una cara muy linda. Mientras me sonreía yo salía de mi shock (me había tocado pasillo) y me puse de pie para cederle paso. “Ay que lindo, muchos gracias”

Pues resultó tan amable la mujer. Cuando me puse de pie me di cuenta que era bajita, con un pecho de unos 15 mil dolares o más (excelente trabajo del cirujano plástico) piernas de corredora, y sonrisa seductora con voz infantil. No dejó de sonreir todo el camino (Calma, pensé que era el botox pero no, en la cara no se había hecho nada)

Cada vez que yo volteaba a ver por la ventanilla hacia “el cielo” (a ella le toco ventana) no podía evitar toparme con dos enormes, enormes razones para no mirarla a los ojos y olvidarme de las nubes y el cielo. Por fin que platicamos en inglés un buen rato, luego nos quedábamos callados para leer lo que teníamos en las manos y así. Ella coqueta y yo motivándola. Cuando bajamos del avión obviamente tapé el paso del pasillo para que ella saliera y le bajé su maleta del compartimento, etc. Estábamos listos para bajar del avión y se me cayeron mis formas migratorias y mi porta pasaporte y visa. Con mi backpack ya colgado en la espalda y gente aprentado por todos lados supe que me costaría trabajo agacharme por ellos. Pero la sorpresa fue tal cuando ella, mi vecina de viaje, dijo en voz alta: “no te preocupes, no te preocupes, permíteme a mi leventerlos para ti” al tiempo que se tiraba al piso a recoger mis documentos y me los entregaba sonriendo hermosa. ¡Qué mujer! A veces los hombres sólo necesitamos esos pequeñitos detalles para recordarlas por mucho tiempo.

El laberinto de la calle Sage.

Llegué al hotel en Sage Road en Houston. Es la primera vez que me pierdo tan angustiosamente en un hotel. No smoking room, en el segundo piso. Pues para encontrarla pasé 3 veces frente a la recepción y el tipo me veía ya con cara de extrañado. De pronto hallé el elevador por suerte, y subí al segundo piso. Para hallar la 202 fue un martirio. El hotel está diseñado para que te pierdas. Tardé sin exagerar, 35 minutos buscando la habitación. ¿Porqué no bajé a pedir instrucciones? Porque nunca hallé las escaleras ni el elevador de nuevo. Aunque usted no lo crea.

En la puerta de la suite hay un mapa. Te da una idea… por lo menos me sirvió para bajar. Eso sí, tardé 15 minutos en hallar la salida del hotel. De verdad. No estoy exagerando.

Sage Road & West Alabama

Backpack (vacía) , lentes para el sol y a caminar por Sage Road hacia el Sur para llegar a West Alabama. Esa esquina es ya parte de The Galleria. En esa esquina está Macy’s. Me encantó caminar. Son como 6 cuadras, pero me encantó la calle Sage. Es una zona muy linda que no conocía. Llegué feliz de caminar, backpack en la espalda y listo para ver todas las tiendas esta vez. Así lo hice. Fue muy interesante. Domingo de multitudes. ¡Que hermosas son las texanas! La típica güerita, delgada, alta y de ojos azules con cara de ángel. Vi a tanta mujer guapa hoy… tanta… no se, Houston no es tan malo para vivir…

Galletitas de Halloween

Las veces que he tenido la suerte de estar en Houston, siempre por ahí de las 5 de la tarde ponen en la recepción un plato con galletas. Las primeras veces que venia y lo veia, solo tomaba una y con pena… ahora agarro mi servilletota y la lleno de cookies. Me encantan. Como que es estándar esto de las galletas. La abuelita que las hace ha de ser rica…Mmmm, M&M’s y peanut butter las blancas, y las negras no estoy seguro pero deliciosas también.

Compras

No quiero pensar en lo que he gastado hoy. Tengo una cosa que agradecer en las noches: Bendito sea el Señor American Express… gracias a él, mi compulsión para comprar pudo ser explotada sin razonamientos. Ahora entiendo eso que dice mi compadre que el mall está diseñado para que compres (iluminación, temperatura, sonido ambiental, etc)

Mi backpack viene llena… llena de cosas.. El señor American Express ha de ser muy feliz hoy conmigo y mis tendencias de compra. También la gente de la Apple Store, Armani, la de los lentes de sol, los de la nieve artificial, los de la Discovery Channel Store, Disney Store, etc…

Nieve instantánea

No es justificación pero que cosa me encontré. Es un polvo como talco. Le pones una gotita de agua y ¡Pum! se vuelve nieve como la que cae del cielo. ¡En serio! Se pone fría y todo. Es una maravilla definitivamente. Vale su precio en oro (ajá…), la tipa además explotó mi lado infantil, yo no tengo la culpa que estén tan bien entrenados. Me puso tantito “talco” en la mano y me dijo “cierra los ojos” y los cerré, echó un poquito de agua y exclamé un ¡waaaaoooooo! espontáneo. Mis ojos se abrieron grandes de la emoción de sentir como creía la “nieve” en mi mano como si fuera magia. Además, dura un mes y cuando se le termina el agua vuelve a ser talco… le echas agua otra vez y listo: ¡Nieve otra vez! Fría y todo. Le llevo al pececito una cajita …
Lo quiero todo

Tuve que frenarme. Me tuve que decir a mi mismo que ya. Quería todo. Todo. Entre a la tienda para perros… y hasta de ahí quise salir con cosas… fue cuando supe que algo andaba mal con mi discernimiento…yo todavía no tengo perro…

La suite en Sage

Y heme aquí. Envié fotos a la psicologa tomadas en la Galería con mi cel, a mi hermana, a la abogada (esta es nueva) y hasta a mi psicólogo. Quise enviarte a ti, pero pensé que tu cel no recibe mensajes multimedia. ¿O sí?

Cansado. Listo para tomar un baño, leer un rato y acostarme a dormir. Mañana hay que ponerse “business man” para el evento en el Hilton del “Downtown” desde donde se ve el Minute Maid Stadium y las calles huelen a pinos (aunque mi compadre diga que no).

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