Bailar
No hay nada más delicioso que bailar por las mañanas. Bailar a Diana Krall y su jazz exquisito, su blues excepcional y esos arreglos mágicos. Poner de fondo “The Boulevard of Broken Dreams” y bailar cerrando los ojos. Es imposible no dejarse poseer por el ánimo de pasión contenida que existe en sus canciones. Es fuego puro. Fuego a temperatura ambiente. La cadencia entra en cada uno de los poros de la piel y mueven tu cuerpo y tus pies siguiendo al magistral bajo que suena orquestado y conteniendo el Ãmpetu de los demás instrumentos. Un piano sensual, que hace sus solos con desdén y seducción, casi soberbio pero finalmente amable.
Escuchar a Diana Krall y ese grupo de jazzistas que la acompañan es exactamente lo mismo que hacerle el amor a la mujer de tu vida. Por eso bailas. Porque todo te seduce, te derrite, cada nota te provoca un placer distinto y excepcional. La guitarra haciendo sus travesuras como pequeña diablita, la baterÃa modesta, casi protocolaria pero firme, la voz de Diana Krall y el arreglista debe estar loco de genialidad. El xilófono que aparece de la nada te besa en la boca con ternura y ante el beso nada puedes hacer sino besar de regreso. Y entonces entra el piano cómplice y entre los dos te acarician el cuello, los hombros, el pecho. La música puede ser deliciosa. Apuesto mi vida a ello.
Bailar es soñar con los pies, dice Joaquin Sabina, y yo agrego que hay sueños buenos y sueños malos. Bailar Jazz es soñar uno de los sueños buenos, de los mejores.
El jazz me enciende.
Caramba, creo que necesito tener sexo… o dejar de escuchar esta música…
=)
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