Las Gárgolas
Camilo Laurent es el protagonista de esta pequeña historia. Una historia llena de recuerdos y de anécdotas intercontinentales.
“He decidido comprar una gárgola, pensaba Camilo Laurent en el avión donde viajaba de vuelta a la ciudad costera. Camilo era mexicano, por lo menos habÃa nacido en México, sin embargo su ascendencia era Belga y siempre habÃa sentido que no encajaba del todo en una sociedad tan heterogénea como la mexicana. Era eso o definitivamente la influencia de su familia y la cultura que adquirÃa lo hacÃan volver su rostro al viejo mundo…”


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He decidido comprar una gárgola, pensaba Camilo Laurent en el avión donde viajaba de vuelta a la ciudad costera. Camilo era mexicano, por lo menos habÃa nacido en México, sin embargo su ascendencia era Belga y siempre habÃa sentido que no encajaba del todo en una sociedad tan heterogénea como la mexicana. Era eso o definitivamente la influencia de su familia y la cultura que adquirÃa lo hacÃan volver su rostro al viejo mundo.
Jamás le gustó el norte, o como cantara Drexler en su aclamada y laureada canción no querÃa ir “Al otro lado del rÃo”. Le disgustaba la cultura tan vaga y carente de valores existente en el entorno norteamericano. No. El deseaba el viejo mundo. Si saltaba, se decÃa a si mismo, lo harÃa hacia este, muy al este. Ya habÃa visitado muchas veces las ciudades candidatas a servirle de alojamiento permanente. pero no decidÃa todavÃa por una. Era parte del juego mental que llevaba a cabo: el compromiso de irse en cuanto encontrara destino pero la falta de compromiso para decidirse por uno.
Asà era Camilo. No le seducÃa la mansión de sus primos en Texas, ubicada en una de las mejores zonas de Houston en donde sin duda podrÃa tener todo el lujo y el glamour que pudiera necesitar. Los “Harper-Laurent” que habitaban en la unión americana habÃan hecho su fortuna en Canada al trabajar en un principio como quitanieves y posteriormente haber puesto su propia corporación de servicio de limpieza de calles con trascavos especiales para quitar la nieve. Un destello fugaz que fue interpretado correctamente en sus tiempos, terminó siendo la gallina de los huevos de oro para los Harper-Laurent quienes dejaron corriendo su compañÃa con sede en Fredericton, capital de la provincia canadiense de New Brunswick, para trasladarse hasta el estado de Texas a disfrutar sus dividendos y rentas constantes. Eligieron Texas porque es uno de los estados de la unión americana en donde está permitido que los civiles porten armas y los Harper-Laurent son amantes de la cacerÃa y las pistolas automáticas. El argumento era absurdo para Camilo, quien detestaba cualquier cosa que pudiera quitar la vida a otro ser vivo.
A Camilo le agradaba más cuando sus primos vivÃan en Fredericton, podÃa ir cada año al Festival que de pronto volvÃa importante a la pequeña ciudad canadiense llamado “Harvest Jazz and Blues Festival”. Eran 6 dÃas de locura, música y diversión en donde Camilo encontraba sus mejores momentos. Escuchar a las bandas regionales tocar sus ritmos favoritos le devolvÃa la vida a su sonrisa y podÃa aguantar con CD’s y Conciertos en DVD los siguientes dÃas del año hasta la nueva fecha del festival. Pero ahora tendrÃa que ingeniárselas para no estar cada año en compañÃa de sus primos porque ellos estaban seguros que Camilo iba para verlos y no precisamente al festival.
TendrÃa que conformarse con visitar la segunda ciudad más importante en cuanto al circuÃto de teatros se refiere: Houston, y admirarÃa la obra en escena en el hermoso teatro bajo las estrellas, y recorrerÃa sin duda cada uno de los teatros de este distrito enclavado en el centro de esta ciudad norteamericana, podrÃa recorrer los museos que están adyacentes al distrito médico y asistirÃa sin duda a su favorito: Museo de Artes finas, el museo de arte más grande los Estados Unidos. Con sus seis mil años de historia aglomerada y magistralmente distribuida en 300,000 pies cuadrados de espacio, cobijado por un edificio majestuoso diseñado por William Ward Watkin y abierto por primera vez al público en 1924.
No serÃa lo mismo que el viejo continente jamás. Por eso tenÃa que hacer estos viajes que ya eran casi de rutina al paÃs de sus fantasÃas, un paÃs que le daba todo lo que buscaba en la vida: arte, cultura, paz, tranquilidad, buen vino y hermosas mujeres.
Debo comprar una gárgola, se repitió asi mismo mientras la azafata de AirFrance pasaba a su lado y le dedicaba una mirada extraña. Camilo tenÃa la costumbre de decir sus pensamientos en voz alta lo cual no siempre resultaba muy bien. En este caso, fue un inocente comentario sobre una gárgola dicho en español y no hubo mayor daño. En otras ocasiones digamos que las cosas no le habÃan salido tan bien.
En una ocasión mientras comÃa con su buen amigo Diego Chavez en un restaurante del caribe mexicano, pensó y habló sin ser tan inocente ni oportuno su comentario. Diego siempre le presentaba a las mujeres más guapas de la temporada en Playa Del Carmen, en esa ocasión, Diego estaba acompañado por Coral, una hermosa mujer de 22 años, 1.76 mts de altura, rubia, lacia, y un cuerpo de antologÃa, que hablaba poco español. Y a Camilo lo acompañaba Samira, igualmente hermosa y española monumental. De grandes ojos negros, cabello negro recogido en una coleta y mirada penetrante. Ni hablar de sus cualidades fÃsicas, Diego tenÃa un dicho sobre el cual basaba sus relaciones con las mujeres: Feas, ni muerto.
Le salÃa bien la parte de la belleza, pero Camilo buscaba más allá, un poquito más allá. Siempre discrepaban sobre este punto. Diego era un mujeriego empedernido, casanova seductor y heredero de la fortuna de “papi” en vida. Camilo preferÃa la plática inteligente, la profundidad o la frivolidad pero siempre con cerebro, por lo menos un poquito, de rogaba a Diego.
Durante la cena, Coral en un español angustiante comenzó a hablar de cine. Camilo puso su mano en la barbilla y miró al cielo con disimulo. Aquà venÃa una plática más sobre el cine cuya profundidad serÃa estimada en comparar la belleza de DiCaprio con su juventud, o la de Brad Pitt con su madurez.
Vi uno peliculo hace tiempo que se llama “Poseidon” que sale un barco, ¿you know?, Camilo daba silenciosas gracias al cielo porque Coral se hubiera acordado correctamente del nombre, cosa que no pasaba con frecuencia en este tipo de pláticas. Venga tÃa, dijo Samira con voz potente, una peli de lujo. Me gusto mucho este tipazo, ¿cómo se llama? ¿cómo se llama?, Camilo ya repasaba las notas mentales y trataba de adivinar el personaje al que se referÃa la chica pensando: Ok, Poseidon, basada en la novela de Paul Gallico llamada “La aventura del Poseidón”, en este nuevo remake actúan: Richard Dreyfuss, Josh Lucas, Kurt Rusell, Emily Rossum, la dirige Wolfgang Petersen, mismo director de Troya y de Tormenta perfecta, ¿a quién se refiere la morena? Claro, Kurt Rusell.. La española seguÃa preguntándose, ¿Cómo se llama el tÃo este joder? Camilo intervino para salvarla de su lapsus, ¿Kurt Rusell?, anda, ese, pero que cuerpo y que cara que tiene, a su edad Dio’ mÃo, ya lo quisiera una noche en mi cama y mira que yo me encargo que se nos dé vuelta el barco entero.
Sonrisas forzadas de Camilo y Diego se divertÃa con risas estridentes que Coral seguÃa sin razón porque no habÃa entiendo una sola palabra de lo dicho.
Coral remató el comentario tratando decir algo para no quedar callada y lanzó un hermoso: A mi gustarme, pero no tanto, porque me parece que es lo misma que la movie del Titanic, donde sale DiCaprio…misma historio…
Dios mÃo, la cara de Camilo se convulsionó entre la risa burlona que no se animaba a soltar y el hartazgo de saber que habÃan comenzado la senda que terminarÃa en comparar la guapura de los dos Ãconos hollywoodenses. Carajo, bruta, lo que tiene de buenota lo tiene de imbecil. Si asà como dices estupideces cogieras, carajo, me caso contigo y esta españolita tan boba que quiere darle vuelta al barco “follando” con Rusell, se me hace que ha de ser hombre disfrazado, pensaba Camilo mientras miraba el cielo.
Volvió la cara a la mesa al notar un silencio repetino y vió como lo miraban fijamente. Dios mÃo, habÃa hablando en voz alta, no lo habÃa pensado. Alcanzó a sonreir y negar con la cabeza silencioso mientras Diego aguantaba la risa, ya estaba acostumbrado a los desplantes de Camilo y le parecÃan cómicos; a las mujeres les contaba que su amigo era un genio, un artista y por eso era extravangante a veces. La española pareció no haber entendido la palabra “extravagante” y nada que le pareció interesante Camilo porque rompió el silencio diciendo todas las groserÃas existentes y usadas en México y España a la vez de agarrarse sus partes “nobles” mientras se deshacÃa en maldiciones e improperios como explicando algo sobre su sexo, Camilo juraba en esos momentos que la escena terminarÃa con la española en pose de bailaora gritando: “Y olé” con las manos en alto.
Eso no sucedió. Samira tomó del brazo a Coral, y se fueron mientras Diego no paraba de reir oculto tras la servilleta blanca que ponÃa sobre su cara divertido. Creo que la última frase de Samira tenÃa que ver con los hijosdeputa maricones, o algún santo parecido.
Camilo, Camilo… lo bueno es que tenÃa dos de reserva, le decÃa Diego mientras lo abrazaba sonriente y marcaba un número de su teléfono celular.
Si, necesito comprar unas gárgolas, repitió Camilo recargado sobre la ventana del avión, sintiendo la eterna vibración del motor transferirse por cada elemento del avión. Aunque sutil, constante.
HabÃa visto algunas que lo impactaron y decidió que querÃa poner unas en su casa. Las querÃa en la entrada principal, especÃficamente pensó en una Márgola, subdivisión de las gárgolas y del tipo marino destinada a ahuyentar y luchar contra enemigos como son los elfos marinos, sirenas, etcétera.
DebÃa ahuyentar de sà ciertos demonios y decidió que lo mejor serÃa comenzar con unas gárgolas. La figura de las gárgolas y su emblemático significado le habÃan cautivado. Pocos sabÃan que la palabra Gárgola viene del francés gargouille que siginifica “producir un ruido semejante al de un lÃquido en un tubo” ya que los primeros usos de estos seres surgidos en la edad media y relacionados con el bestiario, se usaban para decorar las salidas de agua de los techos y darles una vista mucho más estética. Luego se cayó en la tradición del bien y el mal imperante en la época y se tornó mágico al ornato arquitectónico.
Iba de vuelta a su paÃs natal, con las imágenes frescas en su mente, el sabor del vino tinto y el pan sobre el cesped todavÃa derramándose en su garganta y con los ojos todavÃa rojos después de haber llorado la ausencia de ella, con quien no estuvo sentado en el Pont Neuf y a quien no pudo enseñarle el museo, las calles y su constante y eterno amor por ella y todo lo que ella representaba.

Asà que tuvo que beber el vino, comer el pan y morder el queso solo, sentado sobre el cesped. Sin más compañÃa que algunos insectos persistentes que no ahuyentó para que lo acompañaran en su tristeza.
Ya volaba de vuelta, resuelto a no llorar nunca más. Resuelto a tirar por la ventana de su casa todos los recuerdos que la evocaran, que evocaran cualquier testimonio de que ella habÃa estado en su vida. Te odio, le dijo ella la última vez que hablaron, se lo dijo como si realmente lo sintiera y fue un venenoso dardo que entró directo en su corazón llenándolo de amargura, tristeza y pesar en el instante. Nisiquiera supo cómo reaccionar, qué responder. Ella tenÃa razón en odiarlo, él lo sabÃa. Pero no hubiera querido que las cosas terminaran asÃ. Te odio, le resonaba en la cabeza cada dÃa, cada minuto y la imaginaba gritándoselo en la cara. La misma boca que tantas veces habÃa besado, ahora lo maldecÃa, lo sepultaba en el olvido, lo arrumbaba en un rincón de los recuerdos al que no se tiene acceso. Lo habÃa puesto bajo llave. Esta vez sonaba a que serÃa para siempre.
HabÃan pasado 4 meses desde aquella lamentable noche en la capital del paÃs y sin embargo a él le dolÃa como si hubiera sido ayer. Se habÃa procurado este viaje para olvidarlo todo, pero cada detalle vivido en el viaje provocó el efecto contrario. No podÃa escapar del amor que sentÃa por ella. Era algo mucho más fuerte que su lógica, que los consejos de sus amigos, que las estrictas recomendaciones del psiquiatra que le recetó la medicina para dormir y los antidepresivos, era simplemente antinatural, algo que jamás habÃa vivido lo que lo mantenÃa aferrado a esa boca, esos labios, los mismos que le decÃan melodÃas hermosas en palabras, los mismos que él habÃa besado tantas veces sin cansarse nunca del sabor, los mismos que lo habÃan sepultado bajo la tierra, que le habÃan clavado una estaca en el pecho, los mismos que habÃan dictado su sentencia de muerte.
VolvÃa pues a casa. Ella habÃa estado con él todo el tiempo, jamás la habÃa abandonado de su pensamiento o su corazón. QuerÃa hablarle pero era imposible, ahora ella vivÃa en una ciudad diferente y no habÃa dejado tras de si ningún número ni dirección para seguir. Tal vez asà sea mejor pensaba Camilo mientras la azafata le preguntaba - I beg your pardon? - y él sólamente le hacÃa un gesto con la mano de cansancio. Ya se habia acostumbrado a decir sus pensamientos en voz alta aleatoriamente.
En el aereopuerto lo esperarÃa Angela. Una amiga que se habÃa vuelto muy cercana últimamente. ParecÃa que Camilo era el único que no se daba cuenta del gran cariño y ternura más allá de lo amistoso que sentÃa por él. O tal vez, no le convenÃa darse cuenta. Él guardaba en su corazón una promesa, él escuchaba de fondo mientras pensaba a Tracy Chapman cantando “The Promise” y evocaba momentos especÃficos de su vida. Para él, la música definÃa momentos, se cargaba de emociones especÃficas y significaba algo mucho más lo que serÃa “una simple canción”. Su vida era como una pelÃcula con su propio Soundtrack.
Angela lo esperarÃa. Lo que no sabÃa Camilo era que ese mismo dÃa, en ese mismo aeropuerto estarÃa alguién más esperándolo detrás de la multitud. Alguien con un vestido y un amor que definirÃa su vida para siempre.
Debo comprar una gárgola atinaba a pensar Camilo mientras caÃa en un sueño profundo, donde soñarÃa con mares que se desbordan y tal vez, sólamente esta vez, no despertarÃa ni serÃa rescatado. Esta vez, pudiera ser que por fin, Camilo muriera en su sueño. Muriera para vivir de nuevo.
Continuará…

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December 22nd, 2006 at 1:21 am
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