Primero las frases, luego las palabras y ahora… ahora me siguen los psicólogos. Luego de leer el comentario de mi buen amigo y hermano Gabriel (también conocido en este blog como el psicólogo portatil, o simplemente “el psicólogo”Wink me senté a recordar que anoche estuve en un juego de roles con una amiga. Jugamos a que ella era mi psicóloga y me daba terapia. Me queda clara una cosa que sucede mucho a nuestro alrededor:

No importa lo que sucede en realidad. Es decir, lo que sucede “históricamente” por decirlo así. Lo que importa es cómo lo percibimos y lo almacenamos en la mente. Es por eso que muchas parejas tienen tantos conflictos, porque ante un mismo evento se tienen dos versiones completamente distintas y al momento de comparar las versiones no hay compatiblidad en ellas. Cada cual tiene su propia versión, y ninguno de los dos miente. Es normal que sienta que el otro es el que está adaptando las cosas, sin darse cuenta que al igual que su pareja también hace lo mismo.

¿No les ha pasado que de pronto por alguna razón discuten o comentan algo con el ser querido y tiene una versión completamente diferente de lo que nosotros creemos que “realmente” sucedió?

Lo más seguro es que ninguno de los dos esté teniendo una visión realmente objetiva sobre el hecho sino que en ambos casos el suceso ha recibido una adaptación para “fittear” en el momento actual de la persona.

No sirve de nada creer que se tiene la verdad absoluta en las manos. No sirve quedarse con esa victoria estéril. Si en realidad amas a tu pareja tómate un momento para pensar que puedes estar equivocado y que los hechos que tu recuerdas y que apostarías tus manos a que son como “realmente sucedieron” puedan estar contaminados y hayan sido almacenados con interferencia emocional.

No hay verdades absolutas. No existen. Existen percepciones. Lo que realmente importa, lo que pesa no es lo que sucedió en realidad, sino lo que cada cual piensa que sucedió. El impacto no está en lo real, sino en lo subjetivo, en la manera en que lo recordamos…

Vivimos entonces en un mundo más irreal de lo que alguna vez podríamos pensar. Sí, este es el mundo del revé, el mundo que se usa “del diario”.

Bajo esta intriga podemos entonces jugar a ser héroes, víctimas o espectadores de nuestra vida. Todo está en la manera en que lo percibamos y en el deseo que tengamos de jugar cualquiera de estos papeles.

Einstein Knows it

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