Que Dios no permita
que algun ser querido toque una cama de hospital en lo que me queda de vida. Hace un año y medio aproximadamente, mi pececito de 4 años y medio en ese entonces fue sometido a una operación. Fue anestesia general. La muerte es más noble que el dolor que un padre puede sentir al ver a su hijo postrado en cama, anestesiado y lleno de agujas con hilitos rojos subiendo o bajando.
Recuerdo mi impotencia, (ahora que lo escribo se me hizo un nudo en la garganta y se me aflojo el moco… tengo fuga de agua en los ojos también) mi llanto contenido al verlo irse.
Tengo esa imagen clavada en el corazón. La imagen de la enfermera poniendo a mi pececito en la silla de ruedas mientras pececito no me soltaba la mano ni a mi ni a su mamá. Uno a cada lado. Vi su miedo, su terror en los ojos. El elevador que lleva al quirófano se abrió, y entró, “hasta aquà pueden acompañarnos señores” dijo la enfermera y mis pulmones dejaron de respirar, mi sangre se heló, y sentà una cosa que va más allá del dolor, más allá de la frustración. Tuve que sonreirle a pececito mientras nos miraba aterrado. Le di un beso sabiendo que una operación de anestesia general es de riesgo, sabiendo que podrÃa ser la última vez que besarÃa esa pequeña cabecita y esos pequeños labios llenos de vida. Las puertas se cerraron y dejó escapar un ligero: “¡No, papi!”…
No habÃa nadie ahà para abrazar. Nadie. Nadie se me acercó a abrazarme en uno de los momentos en que más necesité un abrazo en mi vida. Nadie. Recuerdo haber suspirado y cruzado los brazos mientras la mamá de pececito se abrazaba a su pareja. Eso es soledad. Eso es soledad real. Nadie ahi para abrazarme y yo querÃa que mi papá me abrazara por lo menos (no estaba, estaba trabajando fuera de la ciudad) y si hubiera estado y me hubiera abrazado yo me habrÃa muerto en sus brazos.
Pero no. La soledad era abrumadora. Se cortaba con cuchillo de lo densa que era. Nadie ahÃ. Ni los amigos, ni los conocidos. Vivà mi los peores momentos de mi vida sin una llamada, sin una sonrisa, sin un abrazo. Carajo que dificÃl escribir este post. No puedo contener tanto mis lágrimas.
Recuerdo no haber sabido hacia donde caminar, o hacia donde mirar luego que las puertas se cerraron. Yo querÃa abrazar a su madre porque entendÃa lo que ella sentÃa, porque ella entendÃa lo que yo sentÃa. Yo querÃa un abrazo. Un maldito abrazo. Y no lo tuve. Me quedé perdido entre los pasillos del hospital en el Sur de la ciudad.
Luego, pececito volvió unas horas después. Otro shock y otro trauma más. Anestesiado y saliendo apenas. Lo recuerdo luchando por abrir los ojos y cuando lo hacÃa recuerdo que no miraba nada, sus ojos eran dos pelotas que se movÃan aleatoriamente. Lo recuerdo luchando por entender qué pasaba.
Le toqué su cabeza y el lloraba… Carajo que difÃcil escribir esto, esto de lo que nunca he hablado desde que ocurrió. El lloraba a medias, y yo sólo querÃa tranquilizarlo, decirle que papá estaba ahà con él, que mamá estaba ahÃ… el lloraba a medias, querÃa hablar y no le entendÃa nada de lo que decÃa. SentÃa su frustración. Yo querÃa realmente meterme en su piel, ser él y sufrirlo todo yo, yo, yo, su padre, el que lo trajo a este mundo. QuerÃa que no sufriera ni un solo segundo. QuerÃa golpear a la enfermera, a los doctores al mundo a mi alrededor porque mi hijo, mi bebé pequeñito e indefenso sufrÃa. ¿¡Carajo que nadie se daba cuenta que él sufrÃa!?
En mi vida he sentido un dolor peor que su carita llena de lágrimas y su voz embarrada de anestesia. Luego, comenzó a cantar una canción. AsÃ, en su anestesia, en su dolor, él comenzó a cantar con su frágil y delgada voz, con su acento de bebé, cantó y mi corazón se hizo pedazos. Algo se rompió adentro de mi que ya no pudo soportar el dolor y la angustia y la desesperación. Algo se quebró y se hizo mil pedazos. “Salvame del castigo, sálvame de la soledad…” (Sálvame, RBD) cantaba mi amor, y yo no tuve nisiquiera el valor para romper en llanto. Tuve que quedarme callado y tragarme estas lágrimas que hoy escurren por mi rostro mientras escribo. Este llanto que contuve porque no habÃa nadie ahà que pudiera comprender el porqué de mi dolor, ni la profundidad del mismo. No tuve las “agallas” entonces de llorar como lloran los hombres porque me sentÃa estúpidamente solo y asà estaba, rodeado de personas que no querÃan que estuviera ahÃ, a las que no les importaba mi sentir ni mi no-sentir.
Me duele mucho porque hay gente que leerá esto y sabrá lo que en realidad pasé y que no lo han sabido nunca. Gente cercana a la que jamás le dije lo triste que me sentà al ver que no hubo nadie ahÃ, nadie de los mÃos. No se dieron cuenta de como contribuyeron a la muerte de gran parte de lo que era al no responder un mensaje.
Este sentimiento del pasado, el terror, la desesperación, la frustración y la tristeza sentidas entonces, llegaron hoy a mi cabeza de un solo golpe, cuando trajeron a mi padre a la habitación dormido por la anestesia. El golpe fue brutal para mi proque además nadie sabÃa que mi padre iba a ser anestesiado totalmente y yo pensaba que serÃa una cirugia sencilla en la que sólo le anestesiarÃan el brazo.
No. Entró semi-dormido. No se cómo he podido sobrevivir a todas estas cosas detrás de una máscara de “control” y de “fortaleza” que de pronto me queda muy grande. Mi papá querÃa hablar y no podÃa… y se disculpaba a cada rato sin abrir los ojos por si decÃa alguna tonteria… yo regresé al hospital del sur de la ciudad año y medio atrás. Era a mi padre a quien yo tenÃa postrado en la cama, drogado por la anestesia. El sentimiento es horrible, es devastador.
Para muchos es difÃcil entenderlo. Se supondrÃa que uno está feliz porque la operación salió bien. Pero no… ver a tu padre, o a tu hijo luchando por salir de la anestesia es espantoso y aquà confieso: es más fuerte que yo, y yo no soy tan fuerte como muchos piensan, yo me encierro a escribir y a llorar en mi cuarto para que nadie se de cuenta de lo debil y frágil que soy.
Y de nuevo, esta vez tampoco hubo nadie ahà a quien abrazarme ni quien me abrazara. De nuevo, no sonó el teléfono, no hubo mensajes, no hubo llamadas. Nadamás estaba yo, ahÃ, con mi madre que querÃa que no me preocupara y se esforzaba por no dejar ver su angustia. Y yo tenÃa a mi padre ahÃ, con los ojos cerrados en la cama de este hospital, tratando de hablar sin poder hacerlo… y le puse la mano en su cabeza (como hice con mi hijo en aquel entonces) y le acaricié sus cabellos canos que cada vez son menos en completo silencio.
¿Dónde están los que están cerca? ¿Dónde están las bocas que te dicen “te amo” y cuando necesitas un maldito abrazo no aparecen?
¿Dónde están los abrazos que me debe la vida (CON MINUSCULAS) y que no me dió cuando tenÃa que dármelos? ¿Dónde está el consuelo que requerà para no hacerme tan duro y tan distante? ¿Dónde están los labios que he besado, las cinturas que he acariciado? ¿Durmiendo sus desvelos?
No más. No más No más. Vine a recibir mis primeros comentarios con buenos deseos sobre la situación de m padre aquÃ. En este espacio de letras por gente que además no me ha visto en persona sino que solo me conoce por letras. Gracias Blanca, gracias Tomm. Ustedes hicieron que mi fe y esperanza en la gente no muriera esta noche.
Que difÃcil fue escribir todo esto. No saben lo difÃcil que me resultó. Estas lágrimas que me escurren ahora, que me escurren sin discreción de los ojos, que laven lo que se ensució y me den una nueva oportunidad de ser abrazado cuando lo requiera en verdad.
La compasión es un don de reyes.
Señor, no permitas que un ser querido o nosotros mismos tengamos que tocar una cama de hospital jamás. Jamás.
Gracias; cambio y fuera por hoy. Debo reponerme ya. Este post ha sido altamente desgastante emocionalmente.
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January 12th, 2007 at 1:24 am
No estas solo, pececito y yo estaremos contigo siempre… eres parte de nuestra vida…
January 12th, 2007 at 10:35 am
Gracias muga. No sabes lo hermoso que es para mi que estés aquà y aquà afuera también. Gracias por tu comentario y por leerme. Es un honor y te estoy muy agradecido, mucho.
January 13th, 2007 at 7:43 am
Pues que quieres que te diga, se me hizo un nudo en la garganta, claro que habÃa mucho dolor contenido! es inevitable a veces sentirnos tremendamente solos…más en esas circunstancias, era tu hijo, era una parte de ti, era tu fuerza , al menos lo malo ya pasó.
Es tan hermoso cuando la gente se da cuenta al fin de lo que verdaderamente es importante. Estar sano es un regalo de Dios, y al parecer no todos se dan cuenta de eso.
Fuerza, ánimo ya vendran todos esos abrazos que se te deben. HabÃa que crecer, habÃa que sentir desde el dolor más aterrador para ser más humano.
un abrazo desde Chile ( siempre leo a Tomm hice clic en tu comentario y no pude dejar de leer lo de pececito…
January 13th, 2007 at 4:04 pm
Querida Isabel,
La gente que puede “sintonizar” las frecuencias precisas de una anécdota es gente valiosa porque es gente que siente, como tú.
Te agradezco de todo corazón tu comentario y espero tener el honor de seguirte recibiendo en este espacio.
Las cadenas del azar son maravillosas… Tomm-comentario-Isabel.
Bienvenida. Visité tu blog y me pareció hermoso. No pude dejar un comentario porque no habÃa link a poner comentarios, pero de todas maneras muchas gracias.
Saludos a Chile, hermoso paÃs que nos ha regalado a Violeta Parra, Victor Jara, José Balmes, entre tantos otros.
Un beso
José
January 13th, 2007 at 4:45 pm
Simplemente un momento muy dificil para ti…. te entiendo y se lo que significan esos momentos… siemplemente sabes que no estas mas solo… nos tienes a nosotros tus amigos que acompanhamos tu vida cada dia…
Un abrazo y mucha fuerza
Maria Jose
http://www.mariajose81.blogspot.com
January 13th, 2007 at 4:48 pm
Y mi hermosa Colombiana de ojos lindos me dice esto tan hermoso que me causa una gran satisfacción seguir escribiendo. Un beso a la colombiana más dulce de toditita Colombia.
January 13th, 2007 at 6:53 pm
no cabe la menor duda de que el amor de padre es incomparable, esa mágia que te une a pececito es eterna y es lo más maravillosos que la vida te ha dado.
un nudo en mi garganta se formó al ir leyendo la narración de ese suceso tuyo. abraza muy muy fuerte a tu hijo y dale un beso en su frente por mÃ, porfavor.
los abrazos ausentes que tanto añorabas, están por llegar, lo sé…
cuidate mucho y continúa disfrutando al máximo cada instante que pasas junto a tu pez de colores…
un beso con sabor a manzana.
January 13th, 2007 at 10:34 pm
Hola Josè, sabes me agrada la forlateza con la que enfrentas la vida, me gustaria tener una poquita de esa para que no me dolieran michas cosas, te cuento yo he tenido dos intervenciones quirurgicas y se siente bien gacho por que hay es donde te das cuenta de quien esta contigo, y a veces solo quieres una palabra de aliento o un abrazo de alguien y que encuentras que no estan hay, pero yo creo que en la vida es mejor perdonar y estar cuando los demas lo necesiten, animo!!!!!
me da gusto leerte, gracias por compartir con todos nostros.
un abrazo en la distancia!!!!!!
la dicha de la PAZ te llene de BIEN
paz y bien
January 13th, 2007 at 11:01 pm
Tomm,
La cosa con la fortaleza es que si no la tienes te la inventas
Diablos, ¿Dos cirugÃas? Esperemos que se nos cumpla el que Dios no permita que toquemos de nuevo una cama de hospital. Algún dÃa les contaré sobre mi perÃodo de estar internado en el hospital cuando me hicieron la biopsia…otra de esas cosas que me tragué y que se fermenta lista para ser bebida como el mejor y más añejado vino.
Un abrazo
Blanch,
Miles de abrazos y besos para vos. Gracias pequeñita por estar al pendiente de mi letras.
José