Vestirnos con ropas nuevas y disfrutar de las nuevas cosas. La vida y Dios siempre hacen las cosas nuevas. He vivido un domingo sin duda trascendente en varios aspectos de mi vida, las piezas sueltas o de plano se sueltan o se aprietan pero dejan de andar sueltas más.

Anoche reconocí que varias de mis situaciones difíciles han sido por un arraigado miedo propio. Un miedo propio que en la superficie aflora de diversas maneras y por fin lo he descubierto o, más bien, he decido ponerle atención: miedo a sentir. Este miedo que nos a muchos de los que hemos pasado por cosas difíciles o dolorosas en el plano emocional.

Alguna vez tuvimos una capacidad intacta para entregarnos y amar, pero por una u otra razón esta capacidad se fue perdiendo para volverse habilidad y terminar siendo una “incapacidad”.

Pero cuales quiera que sean las causas o el estado de esta capacidad/hablidad/incapacidad cada día se nos regala la bendición de vestirnos con ropas nuevas, con nuevos perfumes y nuevos colores, con nuevas sonrisas y nuevas miradas; pero sobre todas las cosas se nos permite cambiar nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestras ilusiones y nuestros anhelos.

Darnos cuenta que somos capaces de mucho más de lo que creimos, de mucho más de lo que pensamos. Más allá de lo que hayamos sentido o pensado alguna vez, de pronto nos convertimos en cosas que jamás pensamos convertirnos, siempre irradiando luz y paz a nuestro alrededor.

Se nos quedan piezas en el camino, se nos quedan prendas que no más pueden sujetarse y no más podemos sujetar. Debemos tener el temple para dejarlas ir en paz. La vida no se detiene, no se altera hagamos o no cosas, la vida sigue. Sigamos viviendo esta vida, sigamos mirando atardeceres tomados de la mano de nuestras princesas o príncipes, salgamos a las plazas comerciales a los mercados, a las librerías, aprovechemos la luz del sol por un día llegará la noche. No la busquemos antes de tiempo, no la procuremos si no es momento. En un parpadeo nuestros ojos pueden pueden cerrarse para siempre.

Hoy me comprometo conmigo y con mi corazón a darle una nueva oportunidad cada mañana a las ropas nuevas…

“Las cosas viejas pasaron… yo hago las cosas nuevas”… dice Dios… venga, pruébamelo Señor y afloja la manita un poco que me cuesta trabajo tragar saliva.

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