Pasaba con un alma sensible por el departamento de hogar en una tienda departamental del sur de la ciudad, y salimos por donde están los instrumentos musicales.

No pude evitar sentarme en el piano que está por ahí y volverme loco un rato. Sí, la gente volteaba y los encargados miraban de lejos, pero yo toqué el piano y canté un poquito. Tenía unas ganas de hacerlo bárbaras desde hace mucho tiempo. El alma sensible que iba conmigo me miraba con ojos de admiración y respeto y por eso agarré vuelo. “Ahora tú toca el bajo que está allá, o siéntante en la batería” le dije divertido mientras seguía tocando y cantando.

La gente es muy fresa por esta zona. Cuando terminé todos dejaron de mirar discretamente pero nadie aplaudió, salvo el alma sensible que me acompañaba. Juraria que escuché un aplauso suelto y perdido detrás de algun mostrador. Como esos que se escapan a destiempo.

Ese soy yo. El que toca el piano y canta si quiere. O el que baila en la mitad de la plaza con pececito al pasar junto al módulo de “Reader’s Digest” que tenía una música muy pegajosa en la plaza comercial. Sí, lo rico es que el hijo se te quede viendo entre la fascinación, la risa y la pena ajena… pero al final: haga dos o tres pasitos de baile con papá…

Amo vivir y como todo ser humano tendré mis bajones. Pero del caballo nadie me tumba. Nadie salvo la muerte.

Etiquetado y sin etiquetar, no me importa. Yo sé quién soy y quienes en verdad me aman, lo saben.

Bailemos todos… Vallenato por favor, quiero bailar con MariaJosé a ver si es cierto que es colombiana Smile

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