En tierra firme

Luego de volar para atravesar la selva y llegar hasta ti, he puesto pie en tierra y sonrisa en rostro. Huele a mar, a mar nuevo. Me traje el viento del norte que llegó conmigo y se ha vuelto mi amigo. Me traje la gripa y el dolor de brazos. Me traje mis ganas íntegras de besarte en la boca como jamás he besado a nadie. Me traje mis manos que acarician como si tocaran música con tu piel, que escudriñan tus recuerdos para hacerte ver que no puedes escapar de mi porque yo habito en tu cabeza en un sitio al que no tienes acceso para echarme. ¿Cómo lo sé? Porque tú haces lo mismo conmigo. Tomé el blanco corcel y me reconoció, todavía huele a nuevo como nuevos son los recuerdos que he formado imaginando que siempre estás.

En tierra firme, arrojé maletas y corrí a tomar café al corredor de las vanidades, la pasarela motivacional de los aspirantes a gente bien. Tomé el café que esta vez pedí regular, no descafeinado y con mucha canela. Sorbí a grandes tragos mi presencia y disfracé tu ausencia con bocanadas de un cigarro que no fumo yo pero es como si lo hiciera.

En tierra firme migré mis recuerdos del sur al sur para llevarlos conmigo cuando mi viaje por el mar termine como se termina un puente que en vez de unir separa.

Me arranco los labios como si fueran adheribles, y los tiro al piso para no besar a nadie que no lo merezca. Te guardo mi ojo derecho para que sólo te mire a ti y lo meto en una caja con terciopelo para entregártela cuando decida que es tiempo de morir de nuevo. Con el ojo izquierdo miro “a ver si vienes” desde allá, tú mundo inexistente.

No puedes negarte a mi. Mucho menos a mi recuerdo. No puedes evitar cerrar los ojos y verme caminando hasta ti con paso firme y seguro. Jugando con besarte y no. Acercándome y haciendo que cierres los ojos para alejarme antes que tus labios toquen los míos. Entonces te entregas y nos besamos cuando yo quiero pero siempre es también cuando tú quieres. Porque los dos queremos lo mismo aun cuando hayamos firmado un pacto irreversible con la realidad autónoma e insobornable.

Jamás sentirás una pasión tan intensa como la mía recorrerte la piel a besos. Jamás conocerás la profundidad e intensidad que un beso puede darte, si acaso te acercas, lo compararas con los míos y te darás cuenta que no tiene caso seguir jugando al mudo y al ciego. Sin mis labios los besos son ensayos del despecho que consuela las ausencias.

Este hombre, este que lees aquí, este que se para firme ante ti y ante mil más, se sonrié con la sonrisa plena, coqueta y subversiva que tanto adoras. Soy un cínico. Un cínico adorable. Adorable y con gripa. No digas nada, a mi no me tienes que explicar nada. Abrázame y quítame las ganas de ser mimado o vuélvelas eternas como mi perfume en tu boca. Acaríciame el cabello mientras descanso en tu regazo y no digas nada. Explícate a ti misma, si acaso es necesario, como pudiste soltar la mano de quien te asía con tanta pasión incondicional y pídete perdón.

Mi mar y yo somos una pareja feroz. Disfrutaré este puente sabiendo que no me encontrarás aunque me busques porque ya no queda nada de aquel y queda mucho de este.

Bésame entonces. Cierra los ojos y bésame. Soy una mala enfermedad, un virus incurable. Bésame antes que despiertes. Bésame y quítame esta gripa que me tiene muy mareado. Abrázame. Soy cínico pero si acaso me conoces sabrás que necesito que me abraces. Mi gripa no es como mi ausencia. Mi gripa se quita con un abrazo. Mi ausencia no se borra con nada.

Balmart Yumka

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