Llegué ayer por la tarde, luego de volar desde el mar hasta la selva tabasqueña. Ha sido sin duda una travesía impactante y llena de reflexión sana. Me encantó el detalle de poder pasar estos días pasados (en México el Lunes fue feriado nacional) con mi hijo y verlo lleno de satisfacción por estar él conmigo.

Realmente me la paso muy bien con él. Podemos platicar y siempre me ha sorprendido con su inteligencia y su audacia para hablar y decir cosas, para acercarse a conocer gente y para en cierta forma ser mi extensión en muchos sentidos.

Durante el servicio religioso del domingo me divertí mucho viéndolo ser todo un tierno príncipe. Ha comenzado de nuevo a llegar conmigo al servicio para ver a esta hermosa chica con voz de ángel que impacta con su luz. Sube siempre a saludarla de beso y abrazo y ella, que en realidad es un ángel, le correponde cariñosamente, auténticamente cariñosa.

Me encanta esa naturalidad con la que se acerca a ella, esa seguridad inocente, esa determinación linda de un pequeñito de 6 años que se encuentra fascinado realmente por un ser tan maravilloso como ella.

No lo culpo. Realmente cualquier persona que pueda darse cuenta de la luz que esta joven mujer irradia debería quedar encantado y fascinado como estamos pececito y yo.

Finalizando el servicio, Pececito me invitó a comer. Sí, me invito a comer. Claro que papá paga pero el detalle me pareció hermoso. Eligió un restaurante de comida japonesa y yo elegí los platos. El quería arroz (yakimeshi) con verduras, y papá que debe poner mayor atención pidió dos platos de Yakimeshi mixto con ajo.

Su carita fue fabulosa cuando llegó el plato de arroz. “Papá, no me gusta el ajo” y como buen papá que quiere que el hijo coma, le dije queriendo evadir la responsabilidad de haberme equivocado “el tuyo no tiene ajo.. nadamás el mío” entonces me di cuenta que ya no estoy con un bebé pequeño. Estoy con un niño muy inteligente. Puso una cara de “Ajá sí claro” y me dijo: “papá, te escuché pedir DOS platos de yakimeshi mixto con ajo, no uno… los dos son lo mismo” me solté una carcajada de esas que provocan que escupas el arroz, de esas que te agarran desprevenido. Me reí mucho mientras el permanecía serio. Yo me reía orgulloso y dichoso de contar con este ser humano tan vivo, tan puro, tan hermoso que me ama incondicionalmente y sobre todas las cosas, y que además es muy inteligente.

Esta bien, tuve que aceptarlo. Pero como dicen de un equipo de futbol mexicano: “Si el América no gana, empata.. nunca pierde” entonces le dije que comiera, que en realidad no era ajo lo que tenía el arroz sino “mantequilla de ajo”… mala estrategia, su cara pasó del “no me gusta” al “gúacala”.

Sin embargo, luego que paramos de reir (él se reía de que yo me reía y luego yo me reía de su risa y fue de esos círculos virtuosos que uno no quiere que acaben nunca) tuve que ejercer la jerarquía. Cerré la discusión con un firme “come”, recurso privativo de los padres cuando desean ganar la discusión a los hijos.

Me preguntó finalizando de comer: “Papá, ¿Verdad que Saraí es muy bonita”?” sorprendido por su comentario contesté un “sí” cauteloso porque no tenía idea de lo que podría venir de eso. Quise guiar la conversación y le dije “¿la vas a saludar el próximo domingo?” y su respuesta se llevó la nota. Seriamente viéndome a los ojos, sin parpadear (como cuando yo digo algo muy serio o que quiero que quede muy claro) acercó su carita a mi y me dijo con voz firme: “No papá, no la voy a saludar, la voy a invitar a salir..” Quiero que me crean que pasé 2 segundos pasmado, en total shock. La mezcla de la determinación, la seguridad y la manera en que lo dijo, mezclada con la ternura y la inocencia de un pequeñito de seis años me dejó mudo. Pero ahí no terminó todo, sin saber yo qué contestar, el continuó hablando: ” ¿A donde la puedo llevar?” yo realmente lo miraba y me cercioraba que fuera mi hijo que sólo tiene seis años y no un joven de 28 que está determinado. “¿A la plaza?” le dije cautelosamente y realmente emocionado de saber que vendría a continuación. “La plaza… exacto, ahí la voy a invitar… no tengo coche papá, pero tú puedes llevarnos ¿no? ¿Podrías manejar tú para llevarnos y luego irnos a recoger?”

Simplemente alucinante. Una plática surrealista. Detalles que me sorprenden más y más. Más allá de cualquier otra cosa, me sorprende esta hermosa capacidad de un pequeño niño que hace que las cosas sean tan simples. Que me enseña como la vida es un acontecimiento lleno de risa y luces, simple y claro, sin rebusques ni diccionarios ni manuales de instrucciones. Simplemente es vivir y hacerlo todo como si fuera la primera vez que lo haces, no importa que recuerdos tengas en contra, que malas experiencias hayas pasado. Hacerlo todo sorprendiéndonos cada momento de las cosas que suceden.

Saraí y Joelito han hecho una amistad incréible, estoy ciertamente celoso de eso, pero celoso con ternura no con dolo. Ella es una mujer muy especial. Increíblemente especial. Canta, toca el piano, la guitarra, compone, graba discos, y sobre todas las cosas: es sana, llena de Dios y con mucha sabiduría a pesar de sus 23 años. Tiene una vida espiritual muy profunda. Una mujer sin duda única, de esos tesoros que Dios te permite conocer y que suceden una sola vez en la vida.

Que hermoso es vivir. Ente mi selva y mi mar, mi casanova potencial y el arroz con ajo, yo soy feliz. Y por esta felicidad le agradezco a Dios, por esta paz, le agradezco todos los días a mi Dios. No hay nada como la paz, la tranquilidad y el poder dormir por las noches tranquilo, en calma. Sabiendo que las cosas están bien y se pondrán mejor. Realmente estoy agradecido de esta etapa de mi vida en la que me decidí a liberarme de lo complicado y vacío. De lo que enfermizo, de lo efímero. Prefiero lo duradero, lo real y lo auténtico. Dios es real y es auténtico. Todas sus obras son claras y perfectas.

Technorati technorati tags: , , , , , ,

Technorati Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,