Nada podrá impedir lo que el Señor tiene para nosotros. Nadie podrá detener la voluntad de Dios. Hemos recorrido caminos duros, difíciles, lejos del Señor para caer y caer, una y otra vez… pero hemos vuelto. Yo he vuelto. He vuelto a casa. Solo jamás podría seguir caminando. Solo estaría tirado en el suelo todavía, llorando, lamentándome, sin una mano que me reconfortara. Pero Jesús extendió su mano y me levantó y no me ha soltado desde entonces. Estoy enamorado del Señor, del amor que ha sentido, que he tocado, que me ha guiado. Puedo ver su rostro cada mañana resplandecer sobre mi cielo. Puedo sentir en mi corazón, en mi alma que no estoy solo. Que siempre está conmigo, que siempre me sostiene, me escucha y me comprende. Lava mis heridas, las cura con su amor incondicional, sana mi cuerpo, sana mi alma. Me abraza cuando necesito un abrazo y me hace sonreir con sus detalles. En todo momento está buscando enamorarme más y más de él. Todo lo que hay a mi alrededor son los detalles maravillosos que Jesús me regala para enamorarme cada vez más de él. El cielo, las nubes, los colores, las flores, la música, todo está hecho para que me enamore más y más de él. Soy importante para él, soy amado por él, soy aceptado por él. Me busca y me busca, cuando me levanto por las mañanas él está a mi lado sonriendo. Cuando sueño el vela mi sueño, cuando trabajo el me aligera la carga y me permite trabajar con gozo, con alegría sin importar la circunstancia en la que esté. Con él a mi lado todo es una fiesta, todo es alegría y dicha. Ha estado ayudándome, cambiando mi caracter, mi vida, mis pensamientos, mi corazón. Él cumple sus promesas y me ha dado un corazón nuevo, ha quitado el corazón de piedra y me ha puesto un corazón sensible, que late con alegría. Me ha limpiado del lodo de mi pasado, me ha traído paz, una paz más allá de todo entendimiento. Todo lo que sucede está en su control, en sus manos, él vela por mis asuntos y los resuelve de manera favorable, me enseña y me ama. Nada me separá de su amor. Aun que hay cosas que no entiendo, que no logró explicarme, él me guía, me ilumina, cuida mis pasos y me lleva con amor por el camino que él ha preparado para mi. Yo me dejo guiar en su amor, sin afanarme, sin preocuparme, sin estar ansioso porque voy seguro. Jamás en mi vida me había sentido tan protegido, tan confiado en el Señor. He descubierto que la victoria en todos los asuntos es mía, lo único que tengo que hacer es dejarlo actuar, ponerme en sus manos y mantener mi paz para que Él pelee la batalla. La única condición es que mantenga mi paz en el corazón, y entonces él que conoce lo que mi hay en mi corazón me da todo lo que deseo. Y repito: TODO lo que desea mi corazón. Esto es libertad. Libertad completa. El Amor libera, el Amor de Dios sana y libera y ante su presencia toda la oscuridad huye, porque la luz no puede permanecer con la oscuridad.


“Deléitate asimismo en Dios y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Sal. 37:4)

¿Qué dirán ahora mis detractores? No estoy saliendo de un retiro que me tenga “emocionado”, no me han lavado el coco, no asisto a la iglesia de lunes a Domingo, no soy un fanático… ¿Qué dirán ahora aquellos que me atacaron, me señalaron, no creyeron que mi cambio sería de fondo hace más de 8 meses? Aquí estoy. Agradecido con el Señor. Emocionado hasta las lágrimas cada vez que me doy cuenta, que soy consciente de cómo la mano de Dios opera en todas las cosas de mi vida. Confío completamente en mi Padre, este aquí, allá o donde esté, Dios no me dejará.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom. 8:38-39)

Me ha mostrado con hechos, no con “emociones”, no con “filosofías”, ni con “metáforas”, me ha mostrado lo fiel que es, lo fiel que es a sus promesas, a sus palabras. Sus promesas son claras, siempre claras y precisas:


”Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, Jehová me recogerá” (Sal 27:10)

Quisiera poder expresar lo que es mi vida hoy pero no me acerco ni un poco a lo que en realidad estoy viviendo y sintiendo. Jesús es mi puerta, es mi salida. Jamás me encontraré sin salida. Jesús es mi salida, mi puerta abierta. Salvo que sea tan tonto como alejarme de su amor y cerrarle YO a ÉL las puertas.

Este post es un tributo muy pequeño a quien guía mis pasos y mi vida. Sigo siendo yo, el mismo, pero ahora VIVO…

Jamás me avergonzaría de declarar y gritar mi agradecimiento al Señor por hacerme lo que soy hoy. No lo ocultaré jamás.Si alguien le molesta, si alguien desea criticarlo, mejor es que se aparte mi porque jamás callaré mi boca de decir estas cosas. No me avergënzo de ser quien soy y de amar a Jesús y mi Padre como lo hago. ¿Quién se avergüenza de sentir Amor? Gracias Padre por tus preciosos regalos…

Le agradezco al Señor los problemas, las tristezas, las situaciones difíciles por las que he pasado y seguiré pasando, porque cada una de ellas me ha hecho más fuerte, me ha afirmado más y más en mi decisión de vida. Me ha acercado más y más a Dios. Gracias por los momentos difíiciles porque ellos me han acercado más y más al Señor.

Hoy, aquí en esta oficina, tomando café y escribiendo emails de trabajo, me vino a la mente la razón por la que estoy aquí, de vuelta en esta ciudad. La fiesta ha comenzado y se va a poner muy buena… Gracias Padre.

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