Es inútil preparar la maleta con anticipación y meticulosidad. Invariablemente se me olvida empacara algo y normalmente resulta trascendental.

He olvidado casi todo por turnos en esta serie de viajes semanales. El primer viaje, olvidé los calcetines. Tuve que comprar nuevos y aumenté la cantidad de estos inútilmente. La siguiente ocasión me ocupe de no olvidar los calcetines con tanta atención que olvidé el pantalón del pijama. Efectivamente, tuve que dormir en boxers esa semana. Eso sí, con la parte de arriba del pijama puesto por puro orgullo. Hace muy poco, al desempacar me percaté que los enseres de baño se habían quedado en casa. Todo lo referente a cepillo de dientes, pasta, shampoo, desodorante, gel para el cabello y demás, se quedó. Claro, bien empacadito en su maletita de viaje, muy lindo muy lindo, pero en casa. Tuve que correr a Walmart a reabastecerme. Esta vez, olvidé mi rastillo para rasurarme y repetimos con la parte de abajo del pijama. Osea, que dormiría semidesnudo y sin afeitar. Pero estos hoteles son una cosa muy linda. Luego de un mes de vivir en él, ya casi soy de la “familia” así que me enviaron un rastrillo de cortesía y crema de afeitar. Con lo del pijama no hay mucho que hacer, será en boxers por las noches. Si acaso alguna emergencia se sucita, ya me hice a la idea de correr por los pasillos del hotel sin pudor con el boxer puesto si acaso tengo suerte y no fue de esas noches que decide uno dormir “en vivo”…

Olvidos, olvidos y olvidos. Por más cuidado que uno pone, algo olvida siempre. Aquí en la oficina, la recepcionasta se rié mucho conmigo porque mi ritual de salida de la oficina para atender asuntos fuera es: “hasta luego Isela”, Isela no contesta la despedida pero se queda viendo a la puerta divertida… entro de nuevo porque se me olvidaron los lentes… “hasta luego Isela”… Isela sigue sin contestar y contiene la risa bajo una sonrisa que yo espero sea de ternura y no de burla… vuelvo a entrar por la puerta porque se me olvido el gafete…

Ahora, cada vez que salgo al abrir la puerta Isela me cuestiona sonriente: A ver Ingeniero, ¿Lentes, gafete, teléfono, pluma? Y yo contesto: “Check” y me voy…para volver a los dos segundos por las notas de la reunión…. no me cree, pero le insisto que si no tuviera la cabeza pegada al cuello un día saldría de la oficina y a las 2 horas alguién me diría “oye, se te olvido la cabeza” y volvería por ella. De todas maneras no es tan ilógico, hay pollos que han vivido 18 meses sin cabeza, unas cuantas horas no creo que sean tan malas…

Olvidos… estos olvidos… por ahí dicen que es de familia y digamos que lo hemos comprobado, ¿Verdad Juanito? (mi primo y jefe en la empresa) Hemos comprobado que nuestros olvidos se resisten ante la propia tecnología… nada de apuntar en las agendas electrónicas… no funciona… créanme…

Ya estoy en Tabasco. Y soy muy feliz.

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