Carta a la flaca
Querida,
¿Recordás cuando yo te escribÃa y te llamaba “La Flaca” simplemente? Bueno, espero que recuerdes. He tomado la resolución inapelable de volver a tomar las tintas, por decirlo de alguna manera. Y mirá, he vuelto a mi paÃs, mi tierra que es hermosa y a mi mismo apartamento situado cerca del mar. El mismo aquel donde te pensaba y te soñaba, te dedicaba poemas y escribÃa cuentos. ¿Recordás aquel de abril? ¡Pero cómo nos marcan algunas casualidades!
Volvà y encontré el puro en el cajón a medio fumar, y el vaso de whisky en las rocas que me permitÃa ponerme a tono y escribirte de golpe. ¡Qué tiempos aquellos! ¿Recordás?
Me llena de nostalgia recordar a Marcelo, al buen DarÃo, a Mauricio Valdie, a Elisa, y sobre todo Martha… pero que mujer aquella. Hizo que mi mundo se cimbrara de arriba abajo. Malditas sean las voces lindas y los cuerpecitos delgados que con tanta prisa acudo a abrazar en mis más candentes fantasÃas.
Debo confesarlo querida. TodavÃa tengo una absurda debilidad por las jovencitas de ropa entallada que deambulan por las mal llamadas “plazas” comerciales en búsqueda de caballeros y armaduras. Si supieran lo que pierden con este cuarentón, medio loco y adorablemente cÃnico.
¡Ahhhh! pero hasta mi mente llega el recuerdo de esos aromas juveniles que inundan el callejón de las vanidades. Ese erótico perfume que impregna el aire y a los viejos raboverde como yo nos resulta como lo contrario a la kriptonita. Mirarlas y seducirlas con los ojos, con una sonrisa, hacerte el inteligente o el interesante sorbiendo pequeños tragos de café capuchino mientras hacés como que lees un libro de tÃtulo notable y apuntás dos o tres cosas en tu libretita sencilla. Caen redonditas las inocentes. Después es cuestión de dorar la pÃldora, usar el encanto, los años y la experiencia, contarles historias, que se yo, siempre terminando con la cacerÃa temprano. No me gusta llevarme a la cama a mujeres que no lean. Por eso las conquisto con el aire de escritor apasionado que me ha regalado la naturaleza.
Perdoná, tengo tanto tiempo sin escribirte que no me fijo en lo que pongo. Pero yo a vos jamás te he ocultado nada mi amor, asà que no te ofendas. Grúñeme como tigresa que marca territorio, háblame de lo que sólo vos y yo entendemos, y aparenta estar indignada, para que sea yo el que llegue hasta ti siguiendo tu perfume que huele a hogar, y te bese el cuello mientras te tomo de la cintura para apretarte contra mi pasado y mi futuro.
¡Pero que hermos es volver aca! Suspiro emocionado. Aquà todo ha renacido y yo, soy un poco más viejo, pero también un poco más sabio. Siempre igual de divertido y encantador como vos te habés dado cuenta. Pero, ¿qué querés? Soy adorable contra mi voluntad.
Bueno querida, no te agobio. Es tarde y debo cambiar el traje para buscarme compañÃa nocturna. Vos sabés que soy malo para dormir sólo. Primero pasaré por el mar, le diré dos o tres cosas y luego hacia donde habito, el mundo que vos y yo compartimos.
Chao… piensa en mi Flaca, que vos habitás en mi corazón eternamente.
José Balmart
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March 27th, 2007 at 8:08 pm
¿José Balmart?
yo conozco a ese guapo joven… de hecho es el dueño del mar… ¿lo sabias? pues esa flaca debe ser mi rodilla…. ALGO TENDRE QUE HACER AL RESPECTO!!!
1 beso!
March 27th, 2007 at 8:08 pm
AHHHHHHHHHH!! soy primis….
y segunda…. YUPI YUPI!!
March 27th, 2007 at 8:13 pm
holaaaaaaa que felicidad verte mas blanco y optimista, menos sombrio… felicidades ya te extranhabamos muchoo por aquii…
me alegra verte bien,,, un abrazo