Ayer por la tarde, mientras disfrutaba el sol en su ocaso reflejado en tus ojos grandes, recordé el camino que había recorrido para llegar a vos.

Recordé la primera vez que te vi. Estabas tan linda, ahí arriba, mirando sin mirar. Yo sabía desde ese momento que si me mirabas quedaría prendido de ti por toda una vida. Y ya está, terminaste lo tuyo y levantaste la vista. Entre tantas personas jamás pensé que recibiría la el premio de tu mirada. Sin embargo, me miraste directamente. Como si vos también me hubieras visto hacía tiempo y esperaras el momento para este hermoso encuentro.

Nos quedamos viendo por varios segundos. El mundo a mi alrededor desapareció gradualmente hasta que sólo era tu rostro lo que me ataba a esta realidad y me impedía desvanecerme en partículas de humo y ceniza.

Hoy te tengo aquí Flaca, en frente de mi, compartiendo conmigo llena de ternura y entusiasmo el pedazo de pastel que nos regaló tu madre, y no puedo dejar de sonreir mientras te miro ahí sentada, hablándome de no se qué cosa, y sonriendo… sonriendo…

¿No te ha gustado el pastel? me preguntas con tu más cálido tono. Pero claro que sí, lo que sucede es que prefiero mirarte, te digo con dulzura y veo como comenzás a sonrojarte. Me encanta que aún tengas la capacidad de sonrojarte cuando te digo cosas, que no hayas perdido ese espíritu de novedad y de asombro, que mis palabras siempre sean nuevas para vos al igual que para mi lo son las tuyas.

Las llaves de la casa aún están en el llavero que te regalé en aquellos días. Me gusta mucho que vos seas tan sensible y lo hayas conservado hasta el día de hoy. Que en ese llavero ahora esté la entrada a nuestro mundo, el que vos y yo compartimos y disfrutamos llenos de emoción como recién casados.

Anda flaca, terminemos este paseo ahora que ardo en deseos de recostarme contigo en la cama de nuestra habitación y permanecer abrazados, sólo abrazados, todo lo que resta de la tarde acariciando tu hermoso cabello con tu cabeza recostada sobre mi pecho. Tal vez en silencio, no sé. Y si acaso el sonido nos impulsara a llenar el espacio, que sea tu voz la que dibuje esperanza en el aire y me cantes una canción de esas como la que me hizo entender aquella mañana de domingo que vos y yo tendríamos la fortuna de permanecer unidos bajo el mismo Dios, el mismo credo y el mismo techo.

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