Hace algunos meses, encontré unos poemas de Alfonsina Storni que publiqué en este blog. Me llamaron mucho la atención y robaron mi atención y admiración.

Sin duda, Alfonsina pagó un alto precio por la sensiblidad y la intensidad que se puede ver a simple vista en cada una de sus letras, comas, puntos. El final de su vida fue poético y tuvo que ver con el mar. (¿Más información? ¡Googlealo!)

Nos dejo mucho de ella misma y a los hombres algunas pistas interesantes sobre asuntos que jamás comprenderemos completamente.

Este es sin duda una de los poemas más hermosos que encontré de Alfonsina. Se llama “Capricho”, y ella le responde a “él” porqué lloran las mujeres.

Sólo los corazones dispuestos, intensos y sensibles podrían captar el sentido completo del poema. Beberlo e impregnarse de él hasta el grado de imaginar a Alfonsina y su amante llevando esta charla. Casi se puede intuir la entonación y la intención de cada una de las palabras escritas con especial destreza.

Atención al final, la frase es reveladora: Espínate las manos y córtame esa rosa….

Capricho
Alfonsina Storni

Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber, el malvado veneno
que te moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí:
es esto de los llantos pasaje baladí.

Mar embravecidoBien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto.
Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes, amado, lo debes sospechar:
En la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
Movilidad absurda de inconsciente coqueta.
Deseamos y gustamos la miel de cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.
Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría… ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame esa rosa.

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