Aqui viene Balmart
He tomado papeles y arrugado hojas una y otra vez esta mañana. Es que tengo la sensación de querer expresar algo pero simplemente no se cómo empezar. ¡Puafffff! Una mañana de lunes en las que agradezco que exista la computadora y además exista la bendita tecla “retroceso” o “del” que borra las letras. Incluso que exista al “x” que cierra las ventanas. Porque esta mañana simplemente las he usado tanto que ya ha valido la pena que las hayan incluido en el diseño “ergonómico” del teclado. Esta mañana me siento como “Tom” después de besar a su esposa que creÃa muerta (Exterminio 2), como transformándome en José Balmart, como “metamorfoseando” internamente.
Golpeo la cabeza contra el cristal (como Tom luego del beso en “Exterminio 2″
y grito como un loco guardando silencio porque estoy en la oficina en donde todo está en “orden” y todos somos “propios, correctos y educados” tanto que nos sonreÃmos y nos damos el “buenos dÃas” unos a otros.
Señoras y señores, no es posible contenerlo más. Con ustedes, José Balmart (como Tom después del beso en “Exteminio 2″
Maduremos. Esa deberÃa ser la frase que nos marcare. Pero no es asÃ. Preferimos la inmadurez. La inmadurez es cómoda. Nos permite culpar a los demás por nuestros errores. Nos permite hallar un culpable, un responsanble ante nuestra propia irresponsabilidad. Es muy sencillo. Mira, sólo agrega a todo lo que digas el PRE-Fijo: “esque”. Inténtalo. “Esque en mi trabajo me tratan mal” “esque se me apagó la alarma” “esque asi soy” “esque la inflación” “esque la inseguridad” “esque nunca me alcanza” “esque no me di cuenta” “esque tu tuviste la culpa” “esque esque”…
¿Ves? Es sencillo. Busca un culpable y tus penas serán menores. Siempre hay un chivo expiatorio cerca de ti. ¿Tienes al tuyo? Es muy útil. Siempre tener a alguien a quien culpar por nuestros propios errores. Claro que juramos que los demás se tragan la farsa, pero no es asÃ. Al final, el único (o la única) que se ha creÃdo tu actuación digna de oscar, (de emmy por lo menos) eres tú.
Si alguien no te hace caso: cúlpalo de algo. SÃ, o mejor todavÃa, culpa a un tercero que nada tiene que ver. La persona que no te hace caso se confundirá y como dicen en mi pueblo: ” A rio revuelto, ganancia de pescadores”
Sobre todas las cosas culpa a alguien que no se pueda defender, alguien que no se entere de la culpa que le estás cargando. Asà tu mentira quedará segura por un tiempo por lo menos. Después inventas algo más.
Siempre puedes decir: “Esque él”, “esque ella”… pero la más efectiva de todas los esques, es: “Es que Tú”
¡Pum! ¡Se acabó! ¡La jugada maestra! Agrégale lo que desees: “Es que tú hiciste”, “Es que tú dijiste”; ahora, si quieres jugar como los grandes, agregale a palabra “me” y tendrás estocadas finales dignas de un berrinchudo profesional: “Esque tú ME dijiste”, “es que tú ME hiciste”
Pero claro, el nivel master es cuando algo sale mal y los “esque” no están funcionando, o la persona tiene la absurda tendencia de defenderse, termina de una vez por todas con el juego y dile el as bajo la manga: “ES QUE TU ERES….” y agrega la palabra que te venga a la cabeza. Con eso se termina el juego y tu berrinche tuvo resultado.
No importa que no se edifique a al otra persona, la idea no es aportarle algo al otro, ni que fueras psicólogo, tú solo destruye su ego, ataca su ser y prepárate a erguirte en victoria (o en retirada a paso veloz si el atacado es osado).
Lo importante es no madurar, no crecer, no aprender. Lo importante es quedarse siempre siendo el niño mimado, o la niña de papá, que no tiene obligaciones, ni preocupaciones. Lo importante es volverse mediocre y no sólo volverse sino permanecer por largo tiempo siéndolo, lo más posible. Yo conozco tipas de 31 con cerebro de niñas de 10 años. Son lindas. Claro, de lejos, muuuuy lejos…. de cerca, te hacen pedazos cuando se aburren. Se arman cada berrinche que bueno… si uno no fuera cristiano andarÃa desperdigando las verdades absolutas en la cara. Pero no, ya bastante patéticas tienen su vida como para dedicarles energÃa extra… y hacerle ver al mundo lo que el mundo ya sabe pero se hace tontejo: lo mentirosa, patéticas, mediocres, aburridas y enfermas que están estas personas.
Una raya más al tigre.
Ups, que impropio. ![]()
José Balmart
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June 11th, 2007 at 2:52 pm
otra vez…mmm que te dire..
solo que hoy llegaste con todo!
June 11th, 2007 at 7:58 pm
es en estos momentos en que me alegro tanto de tener 25…
seguiré buscando mis alas.
June 14th, 2007 at 9:48 pm
Dos cosas:
1. Por sus frutos los conocereis.
2. Que le dijo Adan a Jehova cuando escondio su desnudez??
R: La mujer que me diste.
Aqui le falto el “esque” pero desde el principio fue asi, quitandonos culpas todo se hace mas “ligero”.
Hermoso Joel Balmart reeeelax, nadie puede hacerte enojar si TU no se lo permites.
Despues de conocernos mas puedo escribirte con aun mas confianza y saber que sabes de lo que estoy hablando…
July 2nd, 2007 at 10:22 pm
Al contrario de la opinión de linda Yaz, sobre que nadie debe hacerle enojar, yo digo que si, que se los permita Sr Balmart; y es que quedándose con el enojo dentro del alma es peor, uno debe liberar esa necesidad de decir “Ya basta”, es la única forma que conozco de retroceder un paso, para avanzar luego tres.
El tema, querido sr. Balmart, es sin duda uno de los que tienen mayor emotividad, porque se le pega a la piel esa sensación de impotencia e imposibilidad de acciones hasta que no nos centramos en lo que somos y en lo que aceptamos que nos influyan los demás.
En cuanto a esto:
Lo importante es no madurar, no crecer, no aprender. Lo importante es quedarse siempre siendo el niño mimado, o la niña de papá, que no tiene obligaciones, ni preocupaciones. Lo importante es volverse mediocre y no sólo volverse sino permanecer por largo tiempo siéndolo, lo más posible. Yo conozco tipas de 31 con cerebro de niñas de 10 años.
Qué puedo decirle, la moneda tiene dicen dos caras: pero siempre se nos olvida que también tiene un canto, un lado especial que por ser rendondo y circulante, nos permite rodar hacia el lado preciso de las emociones, por eso algunas veces caemos cara abajo y aguantamos hasta que el pie que nos pisan dice “basta”, otras caemos cara arriba y nos descubrimos tal cual somos, sin importar edad, ni posición, ni mentalidad, pero cuando estamos asà de canto, es cuando nos damos cuenta que somos nosotros mismos, en la justa perspectiva de las dos caras de la moneda.
Sin duda, mi querido amigo, verle asà pintándole rayas al tigre o al canto de la moneda, puede ser más considerativo y lleno de aprendizaje que decir simplemente, “mÃrame, tengo edad para reconocerte”, porque amigo mÃo, sin duda que existen las mismas diferencias entre una persona de 20 y una de 40, el problema es reconocer ante si mismo que tanto vamos a dejar que nos influyan en nuestros 30.