de vuelta
¿Escuchas el mar? Las olas llegan a la playa lentas, serenas. Las gaviotas y los pelÃcanos que todavÃa quedan vuelan libres arriba de mi mientras yo me siento en la arena oscura de mi puerto, custodiando mi mar.
A veces me voy, y tardo en volver. A veces me quedo para siempre. Siempre me da por guardar un puñado de arena y esconderla detrás de una nube, al lado de la luna, entre las estrellas para que cuando me descubra lejos, pueda volar y tomarla para jugar con ella.
Gracias por notar mi ausencia. A veces, no entiendo que pueda alguien notar si me voy o me quedo… ¿jugamos a brincar las olas? Ven, siéntate aquÃ, a mi lado… quiero contarte una historia… la nuestra…







June 25th, 2007 at 4:48 pm
quedo chingoncerrimo fregon y cool, admás ya dije que me gusta mas el mar es mio, que diario y reflexiones, es menos ortodoxo !!!
June 25th, 2007 at 5:45 pm
“A veces, no entiendo que pueda alguien notar si me voy o me quedo…”.
June 25th, 2007 at 6:06 pm
A pesar de conocer a la perfección esas repentinas desapariciones tuyas, no me acostumbro del todo y se te extraña tanto como aquella primera vez en que te fuiste… Hoy estás de vuelta, en este tu mar del que nunca debiste irte.
El mar es tuyo y me encanta que nuevamente estés aquà dandole la oportunidad de disfrutarte.
June 26th, 2007 at 10:00 am
Siempre seras bienvenido…
Hay veces que necesitamos un espacio, ya sea voluntario o involuntario…
Lo importante es que siempre te estaremos esperando…
June 26th, 2007 at 2:15 pm
de vuelta tu y de vuelta yo tambien, es como la marea y el oleaje q hace q te alejes pero luego regreses, asi como una ola y siempre nos traes sorpresas. gracias, me encanta la nueva imagen. recibe un abrazo grande
July 2nd, 2007 at 11:54 pm
Lo escucho, Sr., ese sonido suyo, es este mismo torrente que se siente en la piel cuando uno se encarama sobre los cerros y entre el desierto para gritarle a Dios..
¡Gracias Sr. por permitirme aprender a vivir!
La vida es justa Sr. Balmart, uno siempre regresa a su tierra, aunque la marea nos ofrezca muchas veces, esa serenidad y esa valentÃa necesaria para revolcarnos en la arena, uno siempre vuelve a lo suyo, lo que le llena y le place, lo que le forma y lo transforma.
En ese punto mismo, ahà justo donde se situen sus pies, ahà justo estamos, porque nos ha permitido acercarnos a su valÃa.
No hay otra forma de reconocerle que decirle en respuesta.
“Héme, aquà estoy…!