De verdad, puedo contarlas. Puedo contarlas por horas, y horas y luego perder la cuenta para comenzar a contarlas de nuevo. Puedo contar las olas como van llegando a la costa. No me importa que el sol me queme la piel, que la arena me ensucie la cara, que la brisa me limpie el alma. Puedo contar la olas y lo hago feliz de la vida. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…. ¿Cuántas olas faltan para que llegues?

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