Debo admitir que aun cuando soy una persona responable, me desagrada a sobremanera regresar a Tabasco. No es mi ciudad. No es mi gente. No es mi plan de vida estar ahí. Mi casa está aquí, al lado del mar. Mis amigos están aquí, mi pececito está aquí en el puerto seguro.

No deseo estar allá. Me provoca mucha ansiedad pensar que debo manejar las 4 horas de vuelta a un departamento que no es mi hogar. Yo pertezneco aquí, a la sal en la piel, a la arena a los atardeceres con playa, a las caminatas matutinas por la costa, a ver salir el sol luego de la oración.

Debo tener cuidado. Tener cuidado de no venderme laboralmente. Hay cosas mucho más importantes que el dinero. Mi hijo por ejemplo, mi familia. Personas de las cuales unas monedas me tienen separado.

No debería volver, pero lo haré pidiéndole a Dios que si es su voluntad no demore en traerme de regreso a donde pertenezco.

Si sigo pensando y escribiendo sobre el tema, terminaré bastante afectado y molesto. Así que dejo el tema aquí. Algo se me ocurrirá y se me ocurrirá pronto. Dios, ayúdame.

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