una tarde de café
Parte I
Y entonces llegué al café. Poca gente, pensé. No podÃa decidir entre dejar prendido o apagar el coche, venÃa escuchando un cd muy bueno y no querÃa cortarle la inspiración a la señorita que cantaba asà que esperé a que acabara la canción y volvà a debatir conmigo mismo sobre la conveniencia o no de apagar el vehÃculo automotor llamado también coche, automovil, vehÃculo, carro y de otras diversas y múltiples maneras que no conozco (porque a uno no se le da eso de saberlo todo aunque me he topado con gente que piensa que sà se le da, por lo menos lo creen de esa manera). Finalmente (no porque aquà acabe la historia y corresponda el final de la misma, sino “finalmente” como refiriéndome a que terminé el proceso de debatir conmigo mismo acerca de la planteada cuestión) decidà seguir un rato más sentado ahà en el coche con todo y el cinturón puesto (dicho correctamente serÃa “con ambos cinturones puestos” porque además del cinturón de seguridad llevaba otro cinturón en la circunferencia del lugar en donde la voz del pueblo dice que tenemos la “cintura” y que evita que uno ande como Cantinflas subiéndose a cada rato el pantalón que por efecto de la fuerza de gravedad y de que he perdido varios kilos con tanto quirófano tiende a bajar de su óptima posición) y la música puesta (sonando, no “puesta” literalmente, la música no “se pone”, se escucha) y disfrute de ese momento de mi coche, la señorita que cantaba en el cd que escuchaba y yo (no hay que olvidar a los cinturones, porque si ya los he mencionado es menester que lo siga haciendo porque si no el lector pensará que estoy inventando las cosas y no quiero que me tomen por mentiroso) y realmente me pasé un buen momento que justificaba la tardanza (ya regular) de mi acompañante a este café lunero (de “Lunes”
por la tarde en una hermosa ciudad vestida de brisa que viene del norte y baja la temperatura aunque el sol brille en lo alto (no puede brillar en otro lado dado que el sol está fuera del planeta).
Parte II
Terminó la canción dije antes y entonces me dispuse a pensar nuevamente como matar el tiempo (el término “matar el tiempo” es usado normalmente por las personas aunque en realidad el que se mata es uno, porque el tiempo sigue avanzando mientras uno envejece y se acerca más y más a la muerte, la real, no la metafórica) y para no hacer el cuento largo (no he decidido que esto sea un cuento pero asà se dice cuando se habla coloquialmente y uno se refiere a “abreviando el tema” pero no lo dice asà porque entonces se oirÃa muy formal y darÃa flojera mental seguir leyendo) saqué mi recién adquirido teléfono celular de su recién adquirida funda con una “M” en la carátula y me propuse hallarle lo divertido a los juegos que instalados tiene (cambié el orden de las palabras para que sonará mejor pero no por razones artÃsticas). Encontré que el mencionado teléfono celular tenÃa sólo dos juegos y me dispuse a jugar uno de ellos que tenÃa que ver con soltar una pelotita y dejarla rebotar para que la misma al chocar rompa unos cuadritos en forma de bloque. La trampa de todo esto es que tienes que evitar que la misma “se caiga” (en realidad no “se cae” sino que sale de la pantalla, pero asà se usa decir) interponiéndole una pequeña barra que mueves con las teclas 4 y 6 a la derecha (4) o a la izquierda (6). Suena fácil pero en realidad es frustante. Me sentà como changuito de experimento tratando de clavar un clavo (suena chistoso pero es correcto decirlo asÃ) con un plátano.
Parte III
Luego de dejar que la pelotita cayera en incontables ocasiones (el changuito usó incontables plátanos y el clavo no se clavaba) decidà dedicarme a otra cosa menos frustrante y que evitara que me dieran más ganas de tirar por la ventana del vehÃculo estacionado el recientemente adquirido teléfono celular con todo y la recientemente adquirida funda para que ambos se rompieran en recientemente creados pedazos (digo, la culpa no es del clavo, sino el plátano… nadie culpe al chango). Por esa razón, y por algunas otras motivantes seguramente inconscientes que le corresponden a un psicólogo o estudioso de la motivación subconsciente descifrar, apagué el reproductor de CD’s del auto, luego apagué el vehÃculo. Entonces me percaté que dejé los cristales de las ventas arriba y tuve que volver a encender el carro para bajarlos so pena de sufrir el efecto de la claustrofobia, el calor, y demás derivados. Resulta obvio decir que volvà a apagar el vehÃculo para no dejarlo funcionando mientras esperaba, asà que no lo mencionaré, el lector deberá imaginarlo, asà como resulta obvio decir que los cristales del vehÃculo son eléctricos (digo, si no para qué carajos apagarÃa el coche y luego lo encenderÃa si fueran manuales) asà que tampoco lo mencionaré. Igualmente ruego al lector que llene los espacios que voy dejando que sé que son muchos pero también se que el lector es creativo e inteligente y lo hará sin reparos (también sé que soy adulador y que no sé si la palabra “sé” se escribe con acento o no como se puede ver si se revisa del último punto para acá). Disfrutando pues del hermoso vientecillo norteño, que la gente suele llamar sólamente “norte” que provoca que la temperatura baje y todo luzca increÃblemente romántico (bueno, cómo luzca depende de quién lo observa, yo soy asÃ… por lo menos hoy)esperé a que llegará mi eliminador de café solitario, la persona que provocarÃa que fuera un diálogo y no un monólogo esta visita al rico café que tiene un nombre raro: se llama café… el café se llama café… o sea, su cartél dice: Café Café… dos veces… y yo pienso que se mataron inventando el nombre pero por simple suena bien y realmente espero que nadie se haya matado realmente por el nombre sino que sólo se hayan esforzado. Mientras espero observó a la gente que pasa caminando, muchas parejas veo tomadas de la mano, veo en especial una pareja de viejecitos que pasa lentamente con sus manos entrelazadas y yo pienso si llegaré a esa edad y si tendré viejecita que me acompañe en el trayecto y me entrelace su mano y me digo que seguramente sà pero que no debo preocuparme por esas cosas. La vida, el tiempo, los amores, son sorpresas que la vida da y no planes que se deben cumplir. Suspiro hondo…
Parte IV
Tarareo una canción mentalmente primero y luego me sale de la nada (en realidad de la boca, pero me refiero a que me sale sin darme cuenta) sonidos sordos (eso siempre me ha parecido absurdo: sonidos sordos… ¿no es irónico?) que hacen veces de tarareos (no son tarareos propiamente porque no canto “ta-ra-ra-ta-ra-ra” sino hago “Mmm-mmm-mmmm-mm-m-m-mmmmmmmm” lo cual corresponderÃa en honor a la verdad a decir que “eme-méo” no que “tara-reo” pero se usa que diga asà aunque sólo use la letra eme para emitir sonidos) para no aburrirme porque me doy cuenta que soy una persona que se aburre pronto aunque últimamente tengo mucha paciencia con la vida porque la vida me ha tenido mucha paciencia. Alguien me mira desde fuera de mi coche ( si fuera desde adentro me asustarÃa muchÃsimo porque no lo vi entrar ni acaso lo describà en esta narración) y me sonrÃe, yo reconozco la sonrisa (y la cara, la nariz, los ojos, la estatura, el color de piel, el cabello) y sonrÃo de vuelta (eso quiere decir que “también sonrÃo” no que me fui a dar una vuelta y sonreÃ) y me guardo el recientemente adquirido celular en mi recientemente adquirida funda (no se si poner “mi recientemente” o “su recientemente” pero pienso que el lector es inteligente y capta la idea) y abrà la puerta del auto para salir, salà sonriendo porque el viento me dio en la cara, el olor a mar me inundó el alma, la bondad de Dios me tocó el corazón y el café Café olÃa a segunda oportunidad…
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October 2nd, 2007 at 4:41 pm
ya sirvió! no sabes cómo me he reido!!! Luego me ayudas a poner lo del money??