Interrumpo mi silencio voluntario por un momento porque lo amerita la situación. Yo tengo el placer de poder dedicarle unas pocas letras a una mujer que me ha mostrado un lado de la vida que desconocía. Alguien que ha estado en los momentos más difíciles y más hermosos a mi lado y me ha enseñado a amar a Dios más que a ninguna otra cosa por encima de todo esto.

Suena absurdo decirlo pero, no tengo palabras para agradecerte todo lo que has hecho por mi. Apareciste de pronto en mi vida y poco a poco te fuiste metiendo y metiendo con tu sonrisa, tus detalles, tu amistad incondicional y tu ternura. Yo no sé si pueda algún día pagarte esos momentos que hemos compartido y los que estoy seguro que Dios nos permitirá seguir compartiendo.

Tu cumpleaños próximo es un buen pretexto para expresar el amor y la gratitud. Por eso me anticipo al sábado y te digo con todo mi corazón: Felicidades Karen. Hay mucho que celebrar sin duda mañana. Se celebra que con tu presencia en la vida de muchas personas has bendecido y has tocado a todos de una manera especial, tan especial como tú eres. Se celebra que sigues ahí, en la lucha, a pesar de todo, a pesar de todos, luchando, creciendo, creyendo y levantando la bandera de Cristo para que aquellos perdidos se acerquen a él como es su voluntad. Se celebra que una Princesa de Dios, una gran mujer de Dios cumple un año más y en su corta vida ha logrado impactar al planeta con su servicio y su entrega a los demás. Se celebra que te tenemos con nosotros, que Dios te puso en nuestros caminos, que somos dichosos de tener el privilegio de conocerte. Se celebra mucho, muchas cosas más todavía.

Personalmente debo decir, que en mis más grises momentos, ella ha estado ahí con su sonrisa y sus palabras de aliento. Ni uno solo de mis momentos de angustia, soledad, tristeza, distancia de cuando estuve lejos de mi mar ella se ausentó. Al contrario, se esforzó por estar más todavía. Por darme la mano para ponerme de pie cuando me caía presa de mi mismo.

Cuando mi salud se desmoronó, ella estuvo ahí. Como una gigante de la fe, como una gran amiga, como “la” amiga que todos quisieran en los peores momentos. Siempre hablando de esperanza, siempre compartiendo conmigo su mundo en donde todo es posible si tan sólo podemos creer. La que llenó la habitación del hospital con globos y tarjetas y sonrisas, sobre todo de sonrisas. La que no le importaba si estaba enfermo, despeinado, demacrado, ella me seguía viendo como soy en realidad, jamás apartó la vista.

La que enseñó que la vida puede ser diferente entre otras miles de cosas, la que aguanta mis cambios de ánimo, la que sonríe cuando estoy serio, la que me guía por el camino de la fe, la que me mira y estoy seguro que me mira el alma porque ella no me mira como me miran los demás. Es especial. Toda ella es una bendición. ¿Cómo no la voy a amar? ¿Cómo no le voy a estar agradecido?

No puedo evitar ponerme sentimental ahora que escribo, por eso solamente quiero decirte Karen, que le agradezco a Dios que en su infinita misericordia y en su infinito amor, haya permitido que yo, a pesar de mi, te conociera como te conozco. Que Dios te siga bendiciendo princesa, para que tú sigas bendiciendo a muchos más con tu entrega a nuestro a Señor Jesús y su servicio., para que tú me sigas bendiciendo con tu gran amor.

Gracias y feliz, muy feliz cumpleaños.

Joel Balboa M.

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