La última vez
La última vez que José lloró toda la noche fue hace 7 años, cuando un médico le quiso robar el futuro interpretando una hoja de papel que anunciaba un diagnóstico mortal, una muerte lenta, pausada, pero certera. Y no es que no supiera que un dÃa se iba a morir, sino que él tenÃa una buena idea ahora de cómo. Lloró por las noches, cuando las luces se apagaban. Lloraba como un pequeño niño en absoluta soledad. Y no porque estuviera fÃsicamente sólo. Sino que en situaciones lÃmite (y vaya que esa era una de ellas) aprendió a aislarse, a encerrarse detrás de las paredes de su propia imaginación. Desde pequeño aprendió a escapar para no sentir, para no ver, para no aterrorizarse. Aprendió que los gritos de papá a mamá y los golpes que ambos intercambiaban podÃan no verse aún cuando se vieran en primera fila. Que la sangre que le manchaba la camisa a papá que lo cargaba en brazos podÃa volverse un rÃo hermoso y tranquilo tan sólo escapando al sitio seguro que era su cabeza, su imaginación. Los gritos desaparecÃan aunque él no se tapara los oÃdos, simplemente volaba, se afianzaba a su mantita y volaba. Algo llegó a aprender acerca de lo justo y lo injusto, porque a pesar de su corta edad la situación lo apremiaba a aprender y él aprendió que no era justo que un niño tan pequeño, indefenso como él, tuviera que vivir esa cosas, cosas que no podÃa evitar aunque lo quiso toda su vida, cosas de las que era mejor escapar, volar, encerrarse en el mundo inventado por él mismo.
Cuando le enseñaron el diagnóstico hace siete años, lloró por las noches, encerrado en el mismo sitio al que acudÃa cuando pequeño. La diferencia era que esta vez, el papel blanco que decÃa su padecimiento lo seguÃa hasta allá, al sitio que todavÃa hoy permanece intacto, cómodo, apacible, tranquilo, ausente de gritos, de papá, de mamá, pero ahora sucio porque el diagnóstico se le habÃa pegado a la suela del zapato.
Ha comenzado a llorar por las noches. Ha comenzado a ponerse de acuerdo con su miedo. A reconocerlo. A mirarlo a los ojos. Él sigue siendo el pequeño niño asustado e indefenso de aquellos años. Sigue siendo el mismo pequeño que aprende sobre la injusticia. Ha comenzado a llorar por las noches porque se le terminaron las reservas de simulación de “todoestabien” y ha comenzado a dormir como nunca, parece que no quiere despertar. Que quiere cerrar los ojos y no volverlos a abrir, porque el mundo que sueña es idéntico al sitio seguro que tenÃa cuando niño. Es como volver a entrar ahÃ, pero que todo esté perfecto, que todo esté bien. Que los unicornios, los ositos que hablan, los soldaditos plásticos, están ahà para jugar con él y ayudarlo a olvidar que ya es adulto, que ya no es un niño, que se va a morir, que está sólo aún estando acompañado.
Por eso a él, el José grande es tan sensible al rechazo, al abandono. Algo se le dispara adentro cuando le muestran la espalda, o cuando alguna situación se “parece” a eso y él lo acomoda como por masoquismo, pero más bien es por costumbre. Y por eso lo consideran dramático, exagerado, y hasta loco. Porque de pequeñas cosas construye imperios de soledad y abandono. Y si alguien más o menos cercano pone el pie en el lado oscuro por accidente, se desata la tormenta, suenan las alarmas y el corre, corre con todas sus fuerzas a esconderse en su sitio seguro, a esperar la embatida de las bombas, los cohetes, las explosiones, la ausencia, el abandono.
Por eso, cuando alguien se acerca demasiado y comienza a “moverle el tapete” comienza a autosabotearse. No puede permitirse querer tanto. Porque cuando era niño, las personas que más amaba en la vida, lo lastimaron y no puede darse el lujo del riesgo, porque sufrirÃa lo que sufrió y eso nadie lo soporta. Ni los adulto, menos los niños de 4 años en cuerpos de adulto. Tal vez por eso siga solo. Si tan solo las mujeres que se han acercado lo suficiente supieran que aun cuando se iba, se alejaba, o las alejaba en realidad les gritaba como todas sus fuerzas que no lo dejaran, que lo amaran, que por favor no lo dejaran solo encerrado en su mundito, que tuvieran la paciencia y el amor para quedarse un momento más a pesar de él mismo para demostrarle que vale la pena tanto como para ser rescatado del infierno. Por eso ama tanto la pelÃcula de “What Dreams May come”. Porque el protagonista baja al infierno por ella, la rescata sólo con amor y por amor. Es la historia más hermosa para él, su favorita porque desea que alguien baje de pronto por él y le enseñe que no hay monstruos allá afuera. Que los gritos cesaron. Que no lo van a lastimar. Que lo aman tanto, que dejarán de gritar. Que lo aman tanto que bajarÃan al infierno para sacarlo.
Ha comenzado a llorar por las noches, sumido en la tristeza y la desesperación de saber que se le acaba el tiempo y las pelÃculas son sólo eso: buenos argumentos pero falsos. Ha comenzado a llorar por las noches desconsoladamente, en absoluta soledad, en absoluta oscuridad. Se ha quedado dormido varias veces llorando y ha despertado sin desear despertar. Mirando la cama tamaño “Queen” como un campo de futbol vacÃo. Abrazándose a si mismo, porque no hay princesas que bajen al infierno a rescatar prÃncipes de dragones. Siempre esperan lo contrario. Llorando solo porque solo enfrentará las consecuencias de vivir. Llorando todo lo que puede mientras nadie lo ve para poder despertar con los ojos hinchados, pero haciendo como que sonrÃe y que nada pasa, cuando en realidad, todo pasa. Porque tiene madre y padre que ahora tiene que proteger del golpe de la angustia. ¡Qué irónica es la vida! Él sigue siendo el niño que no expresa su miedo frente a sus padres. Ahora por compasión, y antes por situación. Ahora para que no se preocupen por él cuando lo que más deseaba cuando era niño era que se preocuparan por él y dejaran de gritarse, él pensaba que si dejaban de gritarse era porque lo amaban y por él valÃa la pena tragarse un grito, pero no dejaron de gritar… la conclusión lo ha perseguido toda su vida y ha sellado todo lo que toca.
La última vez que lloró por las noches fingiendo de dÃa que no pasaba nada, fue hace 7 años. El ciclo se repite y la lucha, sangrienta, inmisericorde, brutal y perdida de origen, continúa…
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December 2nd, 2007 at 1:26 am
Recuerdo no solo esa noche, hace siete años, sino hace mas tiempo en la prepa, cuando un dia me contaste de “tu lugar especial” y como ese dia te dije, NO ESTAS SOLO, siempre voy a estar contigo. Ya esperaba esto, y creo que es normal tu reaccion, ademas es sano llorar, desahogarse. Lo que no creo que esta bien es que le hagas creer a todo el mundo que “todo esta bien” no tienesporque ocultar tu estado de animo. No es facil lo que estas pasando y de vez en cuando necesitas hablar con alguien sobre lo que sientes, sobre tus miedos. Cuenta conmigo. TQM.
Un tip: Pececito te puede dar mas fuerzas que nadie, acuerdate que tu eres su super heroe, su maximo, su idolo y que si algo te pasa, el se viene abajo.
Si necesitas hablar, desahogarte, avisame.
December 3rd, 2007 at 11:03 am
Muga, muga muga… un ángel que Dios puso en mi vida. Siempre ha estado ahÃ. Ha vivido no sólo de cerca sino desde adentro todo lo que importante que ha marcado mi vida. Ella sabe mucho de mi porque le ha tocado secarle las lágrimas a José esas noches de hace siete años por ejemplo. Gracias Muga por estar. Eres muy importante para mi. Te quiero mucho.