Se acabó el Grinch
Año con año este autor sacaba del armario su empolvado disfraz del Grinch para portarlo orgullosamente todo el mes de diciembre. Así fue por varios años. Todavía recuerdo el año antepasado, cuando decididos a no celebrar ortodoxamente nos reunimos para cenar el célebre (y extinto) “Club de los Grinch”. Fue una navidad bonita, fraterna y diferente. Pero nos negamos a inundarnos del espíritu navideño imperante. Este año pasado, hice de las mías. Me puse el disfraz y estuve en la mesa lo absolutamente necesario para engullir los alimentos (ser Grinch no significa que me deje de dar hambre). Victorioso por haber logrado un año más de “Grincherías” me dispuse a dormir temprano (como hace todo buen Grinch).
Pero algo misterioso, novedoso y diferente pasó esta vez. Era 25 de diciembre, el dia que Santa Claus trae los regalitos. Sonó el teléfono. Era mi Nefrólogo y quería hablar conmigo. El Grinch que traigo dentro tembló presagiando una desgracia desproporcionada.
-¿Alo?
- Joel, ¿Están en Veracruz verdad?
- Si…
- Perfecto. No tomes ni gota de alcohol (risas) ah pero si tú no puedes tomar de todas maneras. Bueno, de cualquier modo, dile a dos de tus familiares que brinden con Coca Cola porque podrían ser tus donares de sangre mañana.
- ¿Donadores?
- Sí, hay un riñón para ti.
En ese momento, el Grinch que traigo traía dentro comenzó a temblar. ¿Era posible que este año mis navidades fueran sacudidas en proporciones Dantescas hasta destruir todo el concepto “grinchiano” que había construido durante tantas y tantas navidades con una noticia de ESE tamaño que anunciaba VIDA y contra la cual no había monstruo verde capaz de competir? De pronto, el Grinch que traigo traía dentro se hizo pequeñito, pequeñito, casi del tamaño de una hormiga. El otrora gigante anti-navidad que se erigía orgulloso cada diciembre ahora se convertía en algo tan pequeñito que daba ternura verlo (y también daba trabajo porque era tan pequeño que había que ajustar bien la vista para saberlo ahí) Finalmente, se convirtió en una diminuta, microscópica mancha verde en el suelo que se movía despavorido a aferrarse de mi pijama.
Cuando al otro día me confirmaron por la mañana que entraba a cirugía, tuve que pedirle a la manchita verde que se fuera. Lo hice con mucho cariño y tratando de no dañar su dignidad. Le agradecí los años de servicio y me despedí de él. La manchita resignado comenzó a marcharse y se fue para siempre. Nada iba a poder competir con el regalo de Navidad que Dios me había dado: la oportunidad de una vida nueva. Nada me iba a detener de celebrar cada navidad por el simple hecho de estar vivo y por el gran amor que Jehová me tiene cuando él, personalmente, vino con los regalos navideños hasta la puerta de mi casa.
Mi amiga Karen me decía que esa navidad sería diferente y yo estaba escéptico. Varias veces me habían dicho lo mismo, así que no lo creía. Pero creo que ella es profeta o algo así, porque su mensaje venía directo del cielo.
Este año seré el primero en la colonia en poner el arbolito. Arreglaré mi casa tanto que parecerá una sucursal del polo norte o por lo menos una del Palacio de Hierro (tienda departamental mexicana). Me pondré el gorro rojo para salir a la calle y festejaré el día más hermoso de esta segunda oportunidad: el día que Jehová llegó a casa con regalos tomado de la mano de su hijo Jesús y me dijeron: Feliz navidad para ti Joel, tu regalo: La vida.
technorati tags: Grinch, navidad, riñon, nefrólogo, donación, regalos, vida







January 29th, 2008 at 6:53 am
Tal vez tus palabras suenan mas estremecedoras desde que estas mejor, aveces me alegro y en otras tiemblo contigo.. No es malo no te preocupes solo que “escucharte” hablar de ese agradecimiento hacia la vida me estremese pensando cuantas veces nos hemos olvidado de dar Gracias… Tu grinch no salio el anho pasado pero este anho esperaremos que regrese desde agosto…
y sera el mejor Grinch…
Un abrazo
MAriajose