De avena
Lo dije y lo hice. Preparé mis propias galletas de avena. Por cierto, me quedaron riquísimas. Me encantó prepararlas, ensuciarme las manos, encender el horno (y casi quemarme las pestañas). Lo más difícil: esperar a que se cocinaran… quedarse sentado mirando el horno por 15 minutos golpeando con los dedos la mesa y moviendo afanosamente la rodilla no es mi fuerte precisamente. Pero aguanté la tentación de abrir el horno cada 2 minutos para verlas y al final tengo la barriga llena de sueños que se volvieron reales, tangibles y de avena. Leche y galletas. Como todo un niño que soy, salí a la puerta a llamar a la vecina y a la otra vecina a que vinieran a probar mis galletas. Les encantaron. Ya puedo casarme dicen (a lo cual no le encuentro lógica salvo que piense que comeríamos toda la vida galletas de avena o que me fuera a poner a venderlas para que subsista la familia) pero en fin, ya soy material pa’l casorio. Dejé la prueba en un videocomentario en este post.
Damitas lindas, además de todos (o sea, TODAS) las otras virtudes, también se preparar galletas. ¿Quién se anima? ![]()
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February 18th, 2008 at 7:21 pm
Yo!
Yo!
Yo quiero galletaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!