Y no permitas que el monstruo del closet venga y te robe la esperanza. No permitas que la cruel incertidumbre te arranque la sonrisa de la cara. A veces es así y nada se puede hacer. Sólo nos queda enfrentar el embate del tenaz verdugo que se esconde detrás de las sonrisas comunes, que germina al paso de los días y se muestra pleno cuando nos hemos cansado de la espera. Yo lo padezco con frecuencia, vivo con él. Normalmente lo mantengo en el sótano, pero dada mi naturaleza bohemia y mi necesidad de sentir en profundidad para inspirarme, lo dejo salir un rato esperando que se haya compuesto pero horrorizado y acostumbrado me percato que no ha cambiado su intensa afición por devorar princesas.

M�scara

Descansa princesa. Tú puedes descansar pues ningún mal has hecho. Descansa con la conciencia tranquila. Si esto se va a la mierda y en este cuento el caballero no logra rescatar a la princesa pues fue vencido por el monstruo, no has sido tú quien lo ha provocado. Ha sido el monstruo, el del closet, el del sótano. Aquel en el que nos convertimos si perdemos de vista lo importante.

 

Descansa mientras yo me tomo un café con él. No, no es peligroso. Somos íntimos y ya nos tenemos confianza. Tanta que podemos reír y llorar al unísono, confundiendo nuestras voces y haciéndolas un sólo clamor desesperado o una sola burla cínica, desenfada, irrespetuosa y egoísta.

 

Descansa que yo arreglo cuentas con él. Guarda bajo tu almohada la sonrisa y la mirada aquella, esa que tanto me gusta. Yo volveré en la madrugada y te despertaré con un beso. Seré dos metros más grande, y nuestro amor mil veces más fuerte. Descansa, esta lucha es mía princesa.


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