Ante la pregunta del entrevistador sobre qué tipo de mujer le gustaría tener en su vida, el autor tomó una respiración profunda, y se acomodó en el sofá en el cual estaba sentado.  Luego de meditarlo por un momento, alargó el brazo y tomó un libro que tenía sobre la mesita de noche y dijo reflexivo:

Ella es… ella es.. así:

Mujer ejemplar,  ¿dónde se hallará? ¡Es más valiosa que las piedras preciosas! Su esposo confía plenamente en ella y no necesita de ganancias mal habidas. Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida.

Anda en busca de lana y de lino, y gustosa trabaja con sus manos.  Es como los barcos mercantes, que traen de muy lejos su alimento. Se levanta de madrugada, da de comer a su familia y asigna tareas a sus criadas. Calcula el valor de un campo y lo compra; con sus ganancias  planta un viñedo.  Decidida se ciñe la cintura  y se apresta para el trabajo. Se complace en la prosperidad de sus negocios, y no se apaga su lámpara en la noche.

Con una mano sostiene el huso y con la otra tuerce el hilo. Tiende la mano al pobre, y con ella sostiene al necesitado.  Si nieva, no tiene que preocuparse de su familia, pues todos están bien abrigados. Las colchas las cose ella misma, y se viste de telas hermosas. Su esposo es respetado en la comunidad; ocupa un puesto entre las autoridades del lugar. Confecciona ropa de lino y la vende; provee cinturones a los comerciantes.

Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor. Está atenta a la marcha de su hogar, y el pan que come no es fruto del ocio. Sus hijos se levantan y la felicitan; también su esposo la alaba: “Muchas mujeres han realizado proezas, pero tú las superas a todas.”

Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme a Dios es digna de alabanza.  ¡Sean reconocidos sus logros, y públicamente alabadas sus obras!

(Pro 31:10-31 NVI)

Pero, ¿no le parece demasiado pedir?, dijo el entrevistador. El autor sonrió y con una paz que sobrepasa todo entendimiento le aseguró al entrevistador: Para el Dios en el que yo creo no existe nada imposible. Por eso, día con día me preparo y trato de ser mejor hombre, para que cuando nos encontremos de frente yo esté a la altura de ella. Entonces, viéndola a los ojos, la reconoceré y ella me reconocerá.

Pero, ¿y cuánto tiempo está dispuesto a esperar por eso?, insistió el entrevistador. El que sea necesario, dijo el autor, porque menos que eso no aceptaré. El hijo de un Rey, no puede darse el lujo de tomar a cualquiera como esposa sólo porque estaba disponible. Y una princesa real tampoco podría tomar al primero que esté disponible o al primero que le hable bonito.

Suerte en su búsqueda “Quijotesca”, dijo con ironía el entrevistador. El autor le sonrió y le dijo: te invitaré a la boda querido amigo…

Technorati Tags: , , , , , , , , ,