TodavÃa hay estrellas y mariposas
Caminaba desorientado, perdido, con llanto contenido en el pecho, con palabras atoradas en mi boca. Caminaba en total soledad por un desierto oscuro, lleno de ruidos extraños, de frÃo y de distancia. Cuando ya no podÃa más, caà de rodillas en la frÃa arena, con los puños enterrados y la cabeza baja.
Una lágrima escurrió por mi mejilla seguida de muchas más. Pronto el llanto era incontenible. SalÃa de lo más profundo de mi ser, incontenible como si una presa hubiera cedido al poder de las aguas. Lloraba como un niño perdido, como si nunca antes hubiera llorado.
Sentia como mi cuerpo se convulsionaba al son del llanto, un llanto amargo, espeso que nublaba por completo mi vista. Miré a mi alrededor, me tranquilicé poco a poco.”En este sitio brillaban las estrellas y volaban las mariposas”, dije a mi fiel Dios, “Aquà yo andaba y corrÃa como un niño rodeado de mariposas, de hermosas mariposas, sabias, tiernas, hermosas. Nos dejabamos guÃar por las estrellas que nos iluminaban, nos vigilaban en actitud cómplice. Pero hoy, no hay tales. Ni estrellas, ni mariposas…” dije de nuevo con los ojos llenos de lágrimas nuevamente. “Si es tu voluntad, te ruego, te suplico, que hagas que vuelvan las mariposas y las estrellas… te lo suplico, por favor… por favor… “
El silencio del lugar sólo era roto por mis sollozos, el mar seguÃa en su lugar, aunque distante del desierto podÃa sentir su brisa. Pero no me conformaba. Yo querÃa a las mariposas, a las estrellas.
Habian pasado tantas cosas, tantas tormentas de arena, tantas nubes negras, tantos relámpagos, tantos rayos, que me parecÃa imposible que volvieran. Pero de pronto, a lo lejos, comencé a escuchar un suave murmullo. Giré mi cabeza hacia el sitio de donde provenÃa el ruido pero no alcanzaba a ver nada. “Seguramente lo estoy imaginando de nuevo” pensé dado que ya antes lo habÃa imaginado infructuosamente. Pero el ruido aumentaba, el murmullo parecÃa acercarse cada vez. Agudicé la vista tratando de ver a través de tanta oscuridad. Y fue entonces cuando las vi…
Comenzaron poco a poco a llegar. Primero una pequeñita, tÃmida, se posó en mi pecho como escuchando si mi corazón todavÃa latÃa, luego otras dos, y de pronto miles volaban a mi alrededor. Miles de mariposas volaban a mi alrededor y jugueteaban conmigo, yo reÃa, bailaba, gritaba de alegrÃa.
Fue entonces cuando alcé mi vista y las estrellas comenzaron a brillar. El cielo comenzó a encederse brindando un espectáculo divino. Millones de pequeñas lucecitas brillaban en el cielo y todo se volvió una fiesta.
El mar rugÃa, se podÃa escuchar como alzaba sus olas compartiendo mi alegrÃa. RugÃa como un león, con total majestuosidad, vivo de nuevo. La vida le habÃa vuelto. Lo demostraba con su fiereza. Pude sentir la brisa salada llegando a nosotros.
Una pequeña mariposa se acercó a mi oÃdo y me preguntó: “Nosotras aquà estamos, ¿y el mar?” yo sonreà y besé en los labios con ternura y cuidado a la pequeña mariposa quien seguramente era la princesa de todas y le dije mirándola fÃjamente a los ojos hasta sonrojarla: “¿El mar? Princesa, el mar es tuyo…”
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