Hoy es un buen día para extrañarte. Sí, ya sé. No debería siquiera acudir a tu recuerdo, pero es que tú sabes cómo es esto de vivir, de luchar. Me resulta imposible detener a mi mente para que no llegué hasta ti, y se pregunte ¿qué estarás haciendo? ¿sonreirás? ¿recordarás que alguna vez pasé por tu vida? Debo ser sincero, he hecho un pacto conmigo mismo de ser sincero aún en mis letras, por eso sería absurdo hacer como que no existes.
Hoy es un buen día para extrañarte. Soñé contigo ¿sabes?, hacía días que no me visitabas en sueños y hoy estuviste en ellos. Como casi siempre que eso sucede desperté apretando fuerte la mano porque soñaba que tenía la tuya entre las mías, pero como siempre no había nada ahí cuando abrí los ojos. Un día voy a contarte mi versión. Un día amaneceré loco y vomitaré letras sobre nuestra historia, sobre las cosas que quedaron en el tintero, sobre las cosas que no son y parece que fueron.
Mi salud mental depende mucho de seleccionar correctamente mis pensamientos, y a ti te tengo entre esos que debo bloquear. Pero, ya ves, hoy amanecí poco prudente, y con muchos deseos de hablar de ti, de hablar contigo. Me di cuenta que te podía extrañar, que tenía ese derecho. Así que, aquí estoy, sentado en la arena de la orilla de mi mar en este caluroso día de Mayo, dejando escapar mi mente por un rato para visite tu recuerdo y sueñe que juega contigo a construir castillos en la arena, como aquellos castillos que construíamos juntos, cuando soñábamos juntos con los ojos abiertos ¿los recuerdas?
Hoy es un buen día para extrañarte, aunque haya resultado que a quien extraño no es a la “tú” verdadera, sino a la que yo conocí. Porque a quien tú eres en verdad no tengo deseos de extrañar, y parece curioso, pero tampoco de odiar.
Hoy es un buen día para extrañar a la “tú” que era íntegra, digna, fiel, amiga y sincera. A esa, que quede claro, a esa… No a aquella que me mostró la espalda como mejor solución a mis problemas.
Posiblemente relacionados (automático)






Ver también: