De cuando en cuando se me antojaría robarle al corazón algunos recuerdos, envolverlos en pompas de jabón y dejarlos volar, libres, silenciosos, hasta el cielo.

De cuando en cuando quisiera sobornar al corazón para que dejara de recordarte, dejara de pedirme a gritos tu voz, tu mirada, tus manos…

De cuando en cuando quisiera con todas mis fuerzas que vinieras y tocaras mi puerta, con tu hermosa mirada, con tu hermosa sonrisa puesta en la cara, con todo lo que tú eres, que vinieras y tocaras mi puerta.

Te vería a los ojos por un momento, te miraría seriamente a los ojos, buscando en ellos la profundidad de tu alma, miraría fijamente tus ojos para hablar con tu esencia, y tú entonces te sonrojarías y yo, yo acariciaría tu cara y me acercaría a tus labios, cuidadoso, tierno, intenso… y te besaría como jamás te he besado antes.

De cuando en cuando quisiera que por cada vez que te pienso durante el día, tú sonrías. Me basta tu sonrisa princesa, me basta tu ilusión intacta, me basta que cada vez que veas el mar, me recuerdes y sonrías.

De cuando en cuando me gustaría sobornar al corazón para que olvide, no para que te olvide, sino para que olvide todo aquello que construyó muros entre nosotros y entonces correría hacia a ti con una flor en la mano y futuro… mucho futuro contigo.

De cuando en cuando me gustaría sobornar al corazón para que deje de escribir lo que siente, para que deje de soñarte por las noches, para que deje de llorar tu ausencia. Me haces tanta falta…

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