Relámpagos en el mar

Hoy quiero contarte que llegué tarde a casa. Después de ver una película que me hizo pensar mucho en ti, mucho en mi, mucho en nuestras vidas, manejé hasta mi casa. Apenas caminaba al estacionamiento y el cielo comenzó a llorar sus lágrimas frías, escasas, y bañadas con una brisa que provenía directo del mar. Relámpagos iluminaban el cielo intermitentes y yo recordé que debía dormir sólo, y que aún hoy, los relámpagos y los rayos en la noche me asustan. Si en mitad de la noche soy sorprendido por el cielo y sus truenos y sus relámpagos buscó instintivamente acurrucarme en ti, acercarme más a ti para que abraces. Sí, lo sé. Pero a veces hay cosas que requieren que alguien me abrace. Con tus brazos alrededor de mi me siento protegido. Algún asunto no resuelto debo tener con los truenos dirán los amantes del diván y el sicoanálsis, pero yo sólo sé que desde que era un niño (en edad, porque sigo siéndolo hoy) me asustaban los truenos. Más me aterra ver iluminarse la oscuridad de mi cuarto con un relámpago majestuoso, porque a los pocos segundos le sigue el escalofriante sonido de un trueno. Ese momento entre el destello de luz y el sonido es lo que más me tensa. Lo notarías de inmediato si estuvieras aquí, verías como todo mi cuerpo se pone tenso con el brillo azul del relámpago, como si me hiciera pequeñito, pequeñito y contengo la respiración apretando bien fuerte los ojos. Hasta que llega el trueno y me sobresalto, pero a la vez me relajo, el peligro ha pasado.

Manejé entonces, el mar era iluminado por los rayos, mi parabrisas mantenía en intermitencia los limpiadores para poder ver a través del mismo. No podía dejar de notar el mar. Se iluminaba de golpe en azul, un azul increible, hermoso. Por unos segundos, como el flash de una cámara, el mar dejaba de ser oscuro para cobrar vida. Y yo lo veía extasiado por la ventana del auto. No había truenos, así que pude disfrutar el espectáculo, hasta manejé más despacio admirando plenamente el espectáculo de la naturaleza en su versión del mar y los relámpagos. No pude dejar de pensar en ti. De imaginar que venías conmigo, en el asiento del pasajero, a mi lado, apretando mi mano con ternura y sonriendo admirada mientras compartíamos tal belleza. Con tus ojos enamorados, entregados, que gritaban cuánto me querías, cuánto me admirabas. Con tu boca en sonrisa completa, exclamando un waooo profundo y sincero, espontáneo. Tú también amas el mar. Por eso estoy seguro que ambos lo admiraríamos perplejos… y enamorados.

Seguramente habría aprovechado la ocasión para besarte de imprevisto. Con ternura mientras el cielo y el mar se unían cómplices para ambientar la romántica escena. Besándonos a la vista del mar, iluminados por los relámpagos, sin truenos que me asusten. Tú suspirarías sonrojada. Siempre he amado esa transparencia en tu rostro. No puedes esconder tus emociones. Suspirarías viéndome a los ojos y relajando el semblante. Como si yo fuera tu mejor medicina. Tal vez, en ese momento de desconcierto luego de besarte exclamarías con voz atropellada “me raspa tu barba” y yo reiría, desde el fondo de mi corazón mientras te molesto con lo que acabas de decir y seguramente guardaría esa frase en mi recuerdo para siempre. Tú no te molestarías, sino que reirías conmigo y al final tal vez dirías “¡es tu culpa! ¡Mira como me pones!” cambiando la voz y el tono para sonar como una pequeñita sorprendida.

Sabes que entonces te abrazaría. Tú pondrías tu cabeza en mi pecho. Y yo te acariciaría a una mano el cabello, aunque se cuánto detestas que lo haga, pero lo permitirías. “Hueles delicioso” me dirías entonces y yo suspiraría agradecido con mi Dios por dejarme compartir contigo estos hermosos momentos. Por darme el gran honor de conocerte y formar parte por tu mundo, por el tiempo que sea, por el tiempo que Dios lo quiera.

Manejé pensando todo eso. Casi no quería llegar a casa. Casi quería que el camino al lado del mar se hiciera más largo, para seguir soñando, para seguir pensando, para seguir imaginando con los ojos abiertos qué sucedería si estuvieras conmigo en ese momento. No quería llegar, porque llegar siginifica despertar a la realidad de saber que no estás más en mi vida. Que debo imaginarte para estar contigo, que debo asirme de los recuerdos con todas mis fuerzas para no dejar ir tu esencia, que debo soñar despierto para poder estar contigo, que debo escribir, escibir inspirado por ti, para plasmarte en mis letras y que no te vayas. Para poder volver y leer y volver a imaginarlo todo como si estuvieras conmigo.

(EL RESTO DEL TEXTO DEL POST HA SIDO ELIMINADO POR EL AUTOR)

 

 

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