Ella tenía zapatitos blancos, tenía letras que yo citaba continuamente en mi blog. Algo me hizo detenerme, algo en ella me hizo mirar con los ojos bien abiertos, leerla con detalle, suspirar con su intensidad. Ahora es parte mi mundo, de mi día con día. Siempre está ahí. Enviando un beso, deseando buenos días, leyendo mi mar; y ya tiene tiempo que metió los pies a este mar tan errático a veces que yo poseo. Ella es ánonima, su rostro son letras, su mirada palabras, todo escrito, todo plasmado con el alma en sus escritos.

Un buen día, cerro su blog. Los zapatitos blancos se guardaron en un closet, sus letras se detuvieron. Pero de mi mar no se fue, ni quiero que se vaya. Alguna otra vez, marqué su teléfono, hablé con ella y su voz intrigante, cautivante, reveladora. Hoy es una pieza necesaria en este blog. Una referencia obligada, un abrazo a tiempo, un beso en perfecta sincronía. Ella era letras para el mundo. Letras sin rostro. Hasta hoy.

Rogué por su permiso para dejarla dibujada en la arena de este mar, y ella finalmente accedió.

Ella es LadyWhite. No, no es una ilusión ni un invento de mi mente. Existe. Y está aquí. Cerquita. Saliendo del mar en una de las muchas visitas con las que me honra. Con sus pies mojados todavía, pero su corazón firme y pleno. Ella es LadyWhite. Y sale del mar, este mar que es mío para mostrarse y volver a él. Gracias LadyWhite por permitirme revelarte. Gracias.

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