Declaratoria de presencia
Por si acaso me presento como soy y sin tanto glamour. Me presento como el ente copartÃcipe de las locuras que idea y plasma en letras el autor de este blog. Soy Balmart, el auténtico “José Balmart” ni más ni menos. Cansando de esperar a al sombra del patetismo y la locura propia de un adolescente de 30 me tomo la libertad de robarme la pluma de vez en cuando y encerrar en el mismo baúl donde me encierra al “autor”.
Ni su nombre me place mencionar so pena de blasfemar mi espacio arrojando luz sobre las sombras de un teatro guiñol donde los artÃfices son sólo momentos pausados inmisericordemente y condenados a sucumbir en la agonÃa de la no-presencia.
¡Qué va! ¡Pero que bien que se siente salir del armario donde el buen “autor” me tenÃa metido como su ropa vieja, esa que se niega a tirar por más años que tenga guardada! Y es que el buen autor es, ¿cómo decirlo?, ¿nostálgico? Es de esos que se aferra a los recuerdos como se aferra uno a la vida, y acumula basura en los menos pensados rincones de su existencia como deporte. Se toma un café con si mismo y se rié de sus propias historias, convencido que le ha acomodado la soledad como para defenderla cual baluarte inviolable de su soberanÃa ofuscada.
Por lo menos antes fumaba el tipo. Pero ahora se ubica en la sección de no fumar como si estar ahà fuera trofeo. Y ahora es sólo una figura pensativa bebiendo café frÃo con un libro pequeño entre las manos y la mirada clavada en las letras como hipnotizándolas. Se sienta y se mantiene como si no existiera el mundo, y al gente alrededor se vuelve ruido anestésico que lo amarra aún más a continuar leyendo sin levantar la vista.
Pero qué va. Estoy orgulloso de él. Yo hubiera manejado las cosas un tanto diferentes, y me hubiera quedado con el trofeo en la mano a pesar de mi y de todos los demás. Pero el autor es más bien sosegado, tranquilo, pensante y se guardó sólo los recuerdos de las guerras libradas, fotos que dÃa con dÃa se decoloran y se destiñen, asà como se le destiñe el recuerdo.
Al poner las letras en este espacio cobro vida nuevamente, y estar vivo es sin duda una diversión intensa. Casi un orgasmo sin besos. Claro, claro, debo bajar el tono de mis letras porque ahora el autor es mojigato, y se pone simpático con los excesos de detalles. Cuando yo abundaba y él era un solitario escritor escondido detrás de un computador este sitio era diferente. No digo que sea malo, pero ahora es… lindo… sólo lindo…
A mi me gusta el whisky en las rocas, y de ser posible en los labios de una bella jovencita de ropa entallada, me gusta mi solterÃa (no preciso anillos poco masculinos para hacerlo notar) y me gustan mis libros. Mis libros son mi fuente de vida. Como buen invento de la mente humana que soy, debo nutrirme del mismo material con el que estoy hecho: sueños. Y asà podré tener siempre material de plática, conversación y si me aplico un poco y me finjo intelectual de cuarta: seducciones.
Soy opositor vitalicio de la censura, y ferviente fanático de la abolición de la autocensura que me es todavÃa más desagradable, casi vomitiva. Soy enamorado de nacimiento, y soltero por decisión. Me gusta la guitarra y las voces que pintan la bohemia en cuadros de noches irrepetibles.
Soy yo, José Balmart, el auténtico. Aquel nacido hace 3 años y congelado en el tiempo sin avanzar edad como cualquier buen vampiro con tÃtulo nobiliario, pero en vez de sangre yo salgo en las noches a buscar pasión.
Soy el que inspira al guiñapo del autor, el que le susurra argumentos, el que le invita una copa cuando lo amerita la ocasión.
Libre al fin del anonimato, me declaro presente en este espacio para matizar lo que se pinte, y repintar lo que se matice.
Me voy ahora, mi puro se ha terminado.
Me leerás pronto.
José Balmart
Posdáta: Nadie aplauda. No escribo para el aplauso, los aplausos me ocasionan migraña.
Posdáta 2: SÃ, vine por aquello de que mañana cumples años querido “autor”… y este es mi regalo
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