Vino tinto
Con una copa de vino tinto en la mano, música de la que me gusta de fondo y un buen repertorio de recursos mentales para pasar el rato me veo sentado en la sala de mi departamento, el que será, no el que es. Miro a contraluz el vino y percibo los distintos matices de rojo que emanan de mi copa recién servida, aún no probada, aún intacta en su contenido. La pieza se llena de silencio, poco a poco hasta que dejo de escuchar el ruido de la vida y comienzo a percibir el arrullo constante de un mar eterno, no a lo lejos, más bien demasiado cerca. La luz del sol aún no se apaga aunque ya es oficialmente de noche, se puede ver al sol dibujarse en rayos amarillos y rojos sobre la arena de la playa a dos cuadras de mi estancia.
Mirando la copa de vino tinto me envuelvo en mis propios pensamientos y me miro desde fuera, como si flotara arriba de mi mismo. Como si fuese un atento y entretenido expectador de mi propia vida transcurriendo en tiempo real al compás del segundero intermitente de tics y tacs que no se detienen.
Mi miro sentado en la sala de mi departamento, no el que es, sino el que será sosteniendo en la mano izquierda una copa de vino a contraluz para beberme los rayos de sol directos de la copa tal como se proyectan sobre mi rostro fijo y atento al sonido del mar que escucho de fondo.
Como una espiral vertiginosa de recurrencias y momentos que se repiten infinitamente el tiempo se detiene para observar el contagioso baile ritual de una mente que se autoevoca y se trasciende a si misma, encantada con ser y anticipando el sabor del vino tinto contenido entre paredes de cristal en la copa de la mano izquierda.
La puerta suena, y al sonido de los golpes en la misma vuelvo a ver desde mis ojos, veo la copa a contraluz y oigo el mar como haciendo una pausa agonizante. Los toquidos de la puerta se repiten. Ya se quién es. Por su manera de toca la puerta se quién es. SonrÃo. Me levanto despacio, con calma, dueño de mi mismo y del terreno en el que me muevo. Me acerco a la puerta y pongo la mano en el picaporte, presto para girarlo y dejar entrar a mi visitante.
Como anticipaba el sabor del vino tinto que aún tengo en la copa de mi mano izquierda, anticipo el sabor de tu boca una vez que abra la puerta y me mire en tus ojos. Anticipo la textura de tus labios y la calidez de tu talle donde se posará mi mano mientras te beso, despacio, sin prisa.
Le doy un trago a mi copa de vino tinto y saboreo el tánico sabor que inunda mi boca, mi garganta y llega hasta mi corazón para hacerlo latir más fuerte, para hacer que la ansiedad de verte se vuelva intolerable, para hacer que mi mano gire el picaporte y abra tu puerta. El mar ruge quitando la pausa, como si supiera lo que viene, lo que se contiene en esos segundos inexistentes en que ocurre una historia perpetua. Giro el picarporte. Abro la puerta. Y sÃ… ahi estás tú. Con tu sonrisa hermosa y tu inocencia de novia. Te miro a los ojos… sonrÃo… y….








July 27th, 2008 at 10:33 pm
“con la fuerza de los mares, con el impetu del viento, en la distancia y en el tiempo, con mi alma y con mi sangre yo…”