El sutil deleite de los recuerdos inventados

A veces debo acudir a ti para saciar mis ansias de profundidad, mis anhelos de orden en medio del caos de mi pensamiento. Debo mirar fijo a un punto en la distancia hasta que mis ojos comienzan a ver lo que día con día no veo, hasta que se me cansa la mirada y me pierdo en la añoranza de un desliz de la memoria y me atrapo entre las redes de la remembranza y de la invención. Debo correer en sentido contrario a las olas, directo a ti, a tus brazos abiertos que me llaman, a tus labios secretos que me provocan el deseo de dejar todo en la arena y sólo caminar hacia ti.

A veces me fastidio de tu ausencia y me invento juegos en los que tú estás presente. Juegos en los que tu recuerdo es un invento, una mentira blanca para darle sentido a mis sinsentidos. Y entonces estás aquí, frente a mi, pidiéndome que guarde silencio mientras cierras tus brazos alrededor de mi y me cubres en tu esencia susurrándome al oído que me amas.

Y yo siento tu calor, y tu olor llenando mis ropas. Mis manos tiemblan mientras trato de abrazarte y mis ojos se clavan en el sitio donde deberías tener los tuyos pero en donde sólo hay una ventana abierta que deja entrar el sol, que deja entrar la luz, que deja entrar mi sueños para formar cadenas irrompibles, para romper cualquier acuerdo previo con la cordura. Vuelvo a sentir. Vuelvo a escribir.

Vuelvo a extrañarte. Vuelvo al punto de origen de mis locuras y me convierto en gigante, en fortaleza contra los adoradores de la censura, contra los realistas que no tienen mar, ni manera de tenerlo. Me vuelvo aire y me escapo entre tus manos, entre tus dedos, me escondo entre tu pelo, descanso entre tu boca, sueño entre tus sueños. Te invento mi amor, para no dejarte ir.

Te invento para no permitirle al olvido que te lleve lejos a lugares en donde jamás te alcanzaría. Te invento y suelto la risa, una risa loca, descontrolada, una que me llena los ojos de gotas de rocío, de esperanzas nuevas y de sentidos nuevos. Loco, al fin loco, en un sitio en donde todo es posible, en un sitio en donde Tú eres posible, en donde no somos ajenos. Y recuerdo entonces que te he inventado y me lo callo porque recordarte así es mejor que olvidarte o saber que me olvidaste.

Y tu recuerdo asume la postura de realeza y me tomas nuevamente de la mano y el cielo se torna azul intenso, profundo, eterno. Ganas locas de besarte, ganas locas de tenerte, ganas locas de tocarte, de nuevo… como si nunca te hubieras ido.

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