Cálidos y suaves murmullos emanaban de tu boca cuando nos besábamos. Eran sinfonías celestiales que arrullaban mis demonios hasta reducirlos a escombros. Era un llamado a la intensidad sin freno, a los excesos que no entienden de límites. El sabor de tus labios, incomparable sensación de éxtasis inducido, como una droga de la que es imposible desprenderse. Como una anécdota que no termina de contarse. Como un grito en los confines de la locura, como una caricia dulce y sin prisas.

Besarte es detener el tiempo, aletargarlo. Tu boca es un recuerdo que se renueva cada día, que no se olvida, que se reproduce en la memoria como virus cuando se trata de erradicar. Tu boca es el trofeo de mi mirada sobre tus ojos… su recuerdo un tatuaje grabado en el alma. Bésame de nuevo… bésame más y ya no te vayas…

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