Desperté amándote
Una Ciudad Con Mar, a 7 de Octubre del 2008
Querida Princesa,
Recurro a las letras nuevamente porque morÃa de ganas de contarte lo hermoso que ha sido el dÃa de hoy. Hoy me desperté amándote más que de costumbre. Amanecà con tus ojos tatuados en mis pensamientos y el sabor de tu boca deliciosamente impreso en la mÃa. QuerÃa contarte que mis ansias por abrazarte aumentaron como aumenta la pasión de dos amantes que se besan. Desperté deseando apretarte por la cintura contra mi cuerpo mientras me bebo tu cuello a pequeños sorbos para no acabármelo nunca. Como un bobito escuchaba tu voz en todos los sonidos que me rodeaban y sentÃa tu olor en cada aroma que percibÃa al caminar por las calles que bordean la arena del mar.
Cerraba los ojos para soñar con que la brisa del mar era tus manos y nos abrazábamos como dos locos mutuamente comprendidos y visceralmente enamorados.
Desperté deseando escuchar tu risa, sentir la suavidad de tus manos, descubriendo la brutalidad de tu sensualidad y fumándome a grandes bocanadas tu locura tan amiga de la mÃa.
Vos sos justamente aquello que busqué y nunca encontré. El puerto seguro en donde anclar mi barco. La ciudad tranquila en donde habitar mis sueños. La voz paciente y decididamente enamorada de mi princesa, la tranquilidad del amor en un dÃa de tormenta.
Me bebà el café del mediodÃa sonriendo como un bobo. Con esa sonrisa absurda que le ves a los locos en la calle, que sonrÃen como no importara nada. Mientras la jovencita en la mesa de enfrente me miraba tÃmidamente, me limité a guiñarle un ojo y decirle al salir: bonitos ojos preciosa, lástima que en mi castillo ya habite una princesa. Entre el asombro y el rubor, se limitó a decirme algo que me has dicho antes: Discúlpeme Señor, no pretendà ser grosera, pero es usted “nocivamente sexy” y su mirada cautiva aún en contra de mi voluntad. Adiós hermosa, le dije besándole la frente mientras su asombro (y su rubor) crecÃan aún más.
Y bueno, yo sólo querÃa contarte, que hoy, sin duda alguna, me desperté amándote más de lo normal. Me voy ahora querida. ¿Sabés que hay boda en puerta? Segúramente lo conoces. Se casa por fin, y enamorado hasta lo cursi. Ya te cuento después. Encontró la pieza que faltaba.
Cariños princesa.
José Balmart
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