¡Qué conflicto con las palabras! Tenemos la tendencia de usarlas a quemarropa, impulsivamente, engañosamente, perdiendo de vista el significado real de lo que decimos. Desde el “Te quiero mucho” hasta el “te amo”, se disparan como ráfagas de metralleta esperando que impacten en algún desprevenido que las tome por ciertas y muerda, ingenuamente, el anzuelo del egoísmo.Tal vez por eso, varias personas que conozco deberían ser mudas, dejar de escupir “teamos” por carencias y diversión. Le harían un bien al mundo (y a lo ingenuos). Y bueno, no me hagan caso, yo sólo hablo por hablar… ¿o no?

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