Es normal sentirse triste algunas veces. Es normal encontrar de pronto tu imagen en el espejo, la imagen de tu vida y enfrentarte a ti mismo, a tu realidad. Es normal saber que hay cosas que no se han logrado aún, comprender que tal vez nos hemos exigido demasiado todo el tiempo y por eso no logramos sentirnos satisfechos.
Yo hoy me doy permiso de sentirme triste. Me doy permiso de experimentar mis sentimientos sin el miedo normal que provoca “salirse de la normalidad” Me doy permiso de decirme que he sido demasiado exigente conmigo mismo, que he centrado mi vida en cosas y proyectos que no han sido del todo enriquecedores habiendo tanto que mirar.
Hoy me doy permiso de decir lo que siento, lo que pasa por mi cabeza, lo que me quema el pecho, lo que consume mi corazón. Porque se que está bien. Sé que debo permitirme sentirlo, saberlo, procesarlo. Que no puedo mantenerlo como el polvo debajo de la alfombra.
¿Soy muy diferente al resto por desear encontrar a una mujer con quien compartir mi vida? ¿Será que está búsqueda épica en la que me embarqué hace ya varios años es dañina y poco sana? Creo que no. Creo que en algún momento de nuestras vidas todos hemos sentido la necesidad de no estar solos.
Hoy me doy permiso de no juzgarme tan duro. De no criticarme ni decirme a mi mismo lo que debería sentir y pensar y solamente hacer eso: sentir y pensar. Hoy me siento solo. Hoy acepto el miedo que le tengo a la soledad, a la posibilidad de pasar mucho más tiempo como estoy. Que tengo miedo de morirme y no haber encontrado el beso anhelado, el abrazo soñado, la compañía tantas veces imaginada.
Hoy me doy la oportunidad de entenderme y aceptar que las cosas que pasé con mi salud y mi vida me hicieron por un lado más fuerte y por otro más consiente de la fragilidad de mi vida. Me permito aceptar que por eso tengo miedo de estar solo y me doy el entendimiento que requiero, no me juzgo, no me maltrato, sólo me escucho, me abrazo.
Desearía que mi vida fuera diferente en muchos sentidos, desearía hoy al salir del trabajo estuviera “ella” esperándome en casa para platicarme sobre su día, para escuchar sobre el mío, para pelear, para reconciliarnos, para compartir nuestras vidas.
Desearía que las seis de la tarde me dejarán de doler por recordarme que llegaré del trabajo a una casa sin “ella”, a una habitación “sin ella” a una vida “sin ella”. Desearía dejar de perderme los estrenos en el cine por lo cruel que me resulta saber que no iré con “ella” y que ir sólo sea algo tan duro de manejar en mi vida en este momento que prefiero apagar el mundo encerrado en habitación.
Quisiera ser hoy, en este momento, un hombre más paciente. Con una visión menos dura sobre mi mismo, y poder decirme con certeza como me dice mi padre “no te preocupes, eres joven, ten paciencia”. Dejar de ver el hoy y el ahora y lo que no hay y no ha habido. Pero es que, como los insectos a la luz, no puedo dejar de mirar el vacío que me deja la cama vacía, el teléfono que no suena, la silla de enfrente sin nadie en ella.
Deseo llegar a un viernes como nunca en mi vida he llegado: dichoso de saber que llegaré a casa y pasaré el fin de semana con “ella” y “ella” conmigo.
Hoy me permito la honestidad. Me la permito porque se que esto que siento es transitorio, es temporal, que un día voy a releer esto (como he releído muchos posts) y no me identificaré con el sentimiento que hoy plasmo. Que como en otras ocasiones me sentiré orgulloso de mi mismo por el largo tramo que recorrí desde aquí, hasta donde esté cuando en el futuro me lea.
A ti J.B., que eres yo en un tiempo, que lees este post y recuerdas tus sueños, tus pensamientos, tu sentir en estas letras: felicidades. Mira en donde estás ahora, y mira todo lo que has logrado. Has podido comprobar que los sueños se cumplen, disfruta lo que tengas. Hazlo por mi, por este que escribe hoy (en tu pasado) por lo que este que escribe hoy ha sufrido y pagado para que tú (yo en un tiempo) estés donde estás y en el estado en el que estás. Dios te va a sorprender. Prepárate para recibir tus sueños envueltos en celofán. Comprueba que, lo que sea que enfrentes pasará y la paz llegará a tu vida nuevamente. Una de las tantas cosas por las cuales tus posts te sirven y por la cual los escribes, es porque puedes volver a ellos cuando la tormenta pasó y comprobarlo.
Te abrazo “yoenuntiempo”, y recibo tu abrazo. Disfruta lo que tengas cuando leas esto. Te lo mereces J.B.

hola
hace algunos dias que vengo de visita a tu pagina y cada lectura me hace sentir el momento magico imagino la persona que escribe y todo lo que su alma tiene que decirnos.
realmente excelente.
saludos.
@alejandra: Te agradezco de todo corazón tu visita, tu comentario y tus palabras. Visité tu blog y no sabes lo sorprendido y honrado que me siento de saber que esty en tu lista de links. Muchas gracias alejandra. Por favor, no dejes de pasar por aquí. Te mando un abrazo hasta Orizaba (a 2 horitas del puerto) y de nuevo gracias. Ya mismo pongo tu link a mi blog.
J.B.
P.D. La imagen en tu blog de Bu que dice “sonríe la vida es bella” efectivamente me hizo sonreír. Gracias por eso.
No hombre la honrada soy yo y creeme que voy a andar por aqui muy seguido, me encanta tu blog.
saludos que tengas una excelente tarde.