Te descubrí mirándome y enrojeciste el rostro sorprendida, desviaste la mirada buscando blanco alterno y yo sonreí discretamente. Me acerqué a ti, me miraste nerviosa, en silencio y me senté frente a ti viéndote a los ojos. Te vi buscar entre tus cosas algo que distrajera tus ojos de los míos pero ya era tarde. A sólo unas horas de descubrirte y ser un par de perfectos extraños que se miran, ahora tú me descubres mirando tu boca. Esta vez nadie se sonroja, la película comienza y nuestros brazos se tocan pudorosamente, calladamente. ¿A donde ir ahora? Caminemos hasta la arena. Me gusta tu nombre. ¿Te gusta el mar?
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