Me precipito a ti, silencio frio, para restituirme el orden y la calma que me ha querido robar el estruendo de lo ordinario. Te abrazo a ti, silencio serio, para asirme a la conveniencia de la inexistencia de los fantasmas que hacen círculo alrededor de mi cordura gritando con crueldad el peor de los sonidos: la realidad. Me acomodo entre tus brazos, silencio paciente, para olvidarme del vacío y no atender a la conciencia que me reclama audiencia. Me refugio en ti, silencio denso, para curarme las heridas con olvido, y en silencio…
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- Alex Campos, desde Colombia
