José Balmart

507Levantar las redes

posted by José Balmart on February 21st, 2007

El pescador salía cada día al mar, tiraba sus redes y esperaba con paciencia. Por las noches, recogía sus redes y al principio no encontraba nada atrapado en ellas, los peces que buscaba no pasaban por esa zona.

Un día, los peces comenzaron a aparecer. El pescador tiraba sus redes día con día y aún cuando pescaba en grandes cantidades no hayaba al pez que buscaba. El pescador había leído a Hemingway y deseaba hallar un pez así, como el del viejo y el mar.

Un día, la red atrapo algo. Parecía imposible que pesara tanto. El pescador pensó que valdría la pena si pesaba tanto. Con calma fue recogiendo las redes, buscando que no se rompieran. Finalmente sacó el pez del agua. Era una hermosa mujer. Una hermosa mujer con forma de pez. De inmediato se enamoró de ella. Tenía tanto tiempo buscando un pez especial que encontrando este creyó que su búsqueda había finalizado por fin.

Pero la hermosa mujer venía de un mundo diferente al del pescador en sentidos profundos. El pescador se esforzó por entender el lenguaje de la mujer pez pero fracasaba cada vez. Eso lo llevó a él y a ella a la frustración. Una frustración que terminó con esa hermosa relación entre la mujer pez y el pescador.

Con mucha tristeza, el pescador supo que debía devolverla al mar y lo hizo no sin antes hacerle el amor. La devolvió el mar cuando el sol anunciaba el mediodía. La mujer pez no entendía bien, y por no entender no era inocente.

El pescador primero pensó que sentía tristeza pero en realidad se sentía aliviado. Las horas que pasó tratando de comunicarse con la mujer pez lo enriquecieron mucho como ser humano. No, no estaba triste. Se sentía liberado y en paz.

Con el sol sobre su cabeza agradeció a Dios por la experiencia vivida, le pidió que bendijera a la mujer pez y no volvió la vista atrás.

El pensaba que llegaría a casa con las manos vacías. Batió remos hacia la costa y llegó a la arena blanca de su pequeño pueblo. En el camino descubrió que había cosas más importantes y más hermosas que una mujer pez con la que no podía comunicarse. Pensaba que iría a su rutina diaria: llegaría, se bañaría melancólico, se acostaría en su humilde cama y despertaría el siguiente día para echar de nuevo sus redes.

Sin embargo, Dios le habló y le dijo que era tiempo de descansar la búsqueda, que ya tenía la ayuda idónea para él. Que dejara de preocuparse y él, obediente y temeroso de Dios obedeció.

A la mañana siguiente luego de un reparador sueño como hacía tiempo no disfrutaba se encaminó a su barca con las redes en las manos. Entonces se dió cuenta de algo. Si volvía a tirar las redes al mar lo más seguro es que atrapara peces o mujeres pez y él no quería repetir la experiencia.

Se detuvo un momento y vió acercándose una mujer que caminaba en la línea justa del mar y la arena mojándose los pies. Ella cantaba una canción hermosa que hablaba del Amor puro y el perdón. El pescador se quedó con las redes en las manos viendo a la mujer, era un mujer más joven que él pero se notaba sabia y transparente. No era una mujer pez, era una mujer con todas sus letras., una mujer, simplemente una mujer.

Al pasar a su lado ella detuvo su canto un momento y lo miró fijamente con sus ojos de sol. Tenía su cabello largo a los hombros, y unos ojos que enamoraban al mirarlos. Unos ojos grandes, limpios, tiernos y perfectos para el pescador. Justo como los había pedido en sus oraciones. La mujer le sonrío y él sintió en su pecho como se desquebrajaba la muralla que había construido tiempo atrás y que protegía su corazón de amar. Tiro sus redes al piso y no las volvió a echar al mar. Como decimos los pescadores: levantó sus redes y se dedico a vivir, vivir, vivir.

Ha sido visto últimamente en las selvas y los mares de manera intermitente, acompañado de una mujer, una mujer con ojos de sol que le sonríe y lo ama en su sonrisa.

La barca

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