624los viejos amigos
posted by José Balmart on July 6th, 2007
Me dió tanto gusto encontrarme con el buen Mario Ortiz, artÃfice de varios argumentos de las historias aquà contadas desde aquellos dÃas en que José comenzó a escribir. Me causó Si Mario hablara… esperá.. ¡Mario sà habla!, quise decir: si pusiera en letras las anécdotas que tenemos habrÃa una cantidad incréible de cosas que contar y seguramente qué explicar.
Yo se que suena loquÃsimo, pero por azares del destino tuvimos una junta con el Director General de una revista nueva que circula en Veracruz y Boca del Rio. Cuando veo a Mario algo siempre sucede. Normalmente algo bueno. Ahora fue eso, lo de la revista… Mario halagó mi trabajo escrito y mi desempeño en radio frente al Director y finalmente intercambiamos tarjetas, alguna relación laboral saldrá de eso.
Me encantó ver a Mario, tenÃamos bastante tiempo de no vernos. Fue mi analista en aquellos tiempos de pesadilla que sucumbà ante la magia negra de una relación enfermiza. Él me vió antes de la relación, entrar en la relación y salir de ella. Pasamos momentos muy difÃciles en terapia. Recuerdo que al principio me animó a dar más de mi en la relación y luego, conforme descubrÃamos juntos al demonio detrás de la cara bonita (literalmente demonio) me rogaba porque abandonara la relación. Pero cuando uno está en ese estado es muy difÃcil darse cuenta del daño que se está haciendo a si mismo y a los demás.
Hoy hablamos de eso, de cómo nada sucede para mal finalmente. Todo aquello me llevó a conocerme mejor, a entenderme mejor, a estar donde estoy hoy. La enseñanza es inmensa, pagué un precio carÃsimo y sigo pagándolo de pronto. Pero definitivamente, no soy ni la sombra de lo que era en ese entonces. Jamás permitirÃa en mi vida una relación similar a la que permità y toleré ese tiempo. Por eso cuando me platican sobre relaciones destructivas, entiendo perfectamente de qué me están hablando. Y soy una persona (a Dios Gracias) que salió de una y sigue vivo para contarla, para contar su historia y ver si de alguna manera a alguien puede ayudarle.
Quedé de volver con él mañana al bar que acudÃa en aquel entonces, en la misma barra que se escribió una historia repetitiva. Se siente bien ir ahà con tu ex-terapeuta, ¿no? pero ahora iremos como un par de amigos hombres que se tomarán una cerveza y reirán en voz alta.
A ver si los vampiros no se nos aparecen, pero para eso llevo mis “dientes de ajo” bien colgaditos en el cuello.
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