Hacía tiempo no me visitabas. Me da gusto que estés aquí. No, no es ironía. En realidad me causa un sentimiento de gusto el verte entrar por la puerta de mi casa y sentarte en mi sofá favorito. Te ves hermosa. Me encanta tu porte, tu estilo, me encantas toda tú. Aborrezco fumar, y que las mujeres fumen pero tú tenés el permiso de hacerlo porque hace que me vuelva loco. La manera en que disfrutas del cigarrillo y pareciera que le haces el amor a cualquiera con cada bocanada. ¡Cuánto tiempo hacía que no me visitabas! Ya tiene sus meses, diría yo que hasta su año. Sí, casi un año. Sos una de mis “ciclicidades” sin duda. Dejáme que te cuente: hoy lloré toda la tarde ¿Porqué? No sé, uno llora por cualquier cosa cuando sabe que vendrás. Lloré y me arroje al olvido propio. Quise dormir por años, pero la siesta duró unos minutos solamente. Así que bueno, me vestí, y me dispuse a calmar las penas con un remedio clásico. No, no con alcohol. ¿Querés que te siga contando flaca? Es que te vi la cara como inexpresiva, o ¡será porque estás muerta que te mirás así? Bueno, te decía, que me arreglé. La ropa por supuesto. La cabeza no me la arreglan ni los cuarenta y cuatro años con todo y sus pilones. Me dispuse a ir a surtirme al almacén más cercano. Claro que será el único al que voy. Vos sabes que soy de ideas fijas y solo voy a ese. El de capital extranjero a donde van las amas de casa esas que recién salieron del gimnasio y recordaron que debían hacer las compras, o se les antojó ir primero de compras para calentar antes de llegar al “gym”. Sí, el lugar ese a donde yo voy de vez en cuando a mirar los especímenes femeninos de buen ver (y buen tocar, y buen oler, y buen saber). Cogí el carrito de las compras que te encontrás en la entrada y me dirigí a dejar que me sudara la tristeza, la angustia, el miedo… el maldito miedo. Y bueno que pasé por donde están los chocolates. Y aquí estoy pues. Con una bolsa llena de todo tipo y presentación del exótico cacao procesado. Me gasté un buen dinero ¿sabés? No me importó. Yo sólo (y solo) agarré todo aquello que se me antojaba (que por mi estado de ánimo presente eran todos) y me dirigí a la caja a pagar.

Entonces me di cuenta flaca: diciembre está a la vuelta de la esquina. Me joden las festividades. Me purgan casi literalmente. Salve por poco una celebración pasada y me robaron el crédito por cierto. ¡Carajo las flores fueron mías nada más! Pero esa es otra historia. Llega diciembre entonces. Y con diciembre el panzón de rojo que me viene con la pavada de que entre cada “jo” de su risa hay que gastar unos euros “pa compartir el espíritu” dice el tremendo gordo hijodeputa. Entonces me obliga a vestirme de verde, como el actor de las caras extrañas. ¿Cómo se llama? ¿Te acordás? Me visto de verde y me convierto en monstruo, “Grinch” le dicen (y me dicen en los diciembres) Recordé lo absurdo y patético que me resulta festejar estas fechas. Pero también supe una cosa importante: vos vendrías y celebraríamos juntos, si acaso lo que hacemos se puede llamar celebración. Entonces me dio nostalgia y aumenté la cantidad de chocolates en mi bolsa. Tengo de todo aquí ahora mismo como verás. Una bolsa con un par de kilos de chocolates de distinta marca y presentación. Mi idea era tener una bolsa llena de estos para meter la mano y ver qué suerte tengo en ese momento. Y así, en vez de tirar una lágrima, mejor me trago un chocolate y me llenó la boca de dulce pa que se me irradie al corazón. Dicen que comer un chocolate es mucho mejor que dar un beso. ¿Vos que pensás flaca? Yo prefiero ambos. Pero pa la navidad siempre me quedo con uno de los dos y no involucra otros labios. El beso más cercano que tengo es el que viene envuelto individualmente en aluminio con forma cónica, “kisses” le llaman.

Me jode la navidad, me jode que el abuelo se haya muerto, me jode que las paso solo y me jode tragar tanto chocolate y sentirme igual de miserable. Veme ahora flaca. A un mes de que el gordo hijodeputa llegue y me recuerde que me la paso solo, sin regalos, sin hijo y sin amante. Me voy a comprar un revolver para matar a tiros a ese panzón traicionero y convenenciero, o para pegarme un tiro yo mismo, no sé, no lo he pensado todavía. Me salió así nomás ahora que te platico. ¿Querés algo de tomar? Tengo whisky, Vodka, esperanza y ganas de creer. Te conozco no se para que te pregunto flaca. Vos venís por todo como siempre. Pero aguarda un poco. Todavía nos quedan varios días juntos. No me tomes rápido, acábame a pequeños sorbos, con delicadeza. ¿Porqué me mirás asi? ¡Ahh los lentes! Sí, yo se que no lo uso más. Pero pasé por la zona de farmacia y tenían estos que me ves ahora. Son sólo para leer. Me voy poniendo viejo ¿no? La culpa es del almacén ese. Siempre que vas por una cosa salís de ahí con veinte más que no necesitás pero que igual comprás porque la puta musiquita de fondo como que te obliga.

Te voy a quedar mal con las bebidas. La botella de ganas de creer recién se la tomó toda una mina hermosa y la esperanza la regó por el piso sin querer, por accidente. Pero tengo Vodka y whisky, vos sabés, del “single malt” veinte años. El preferido de tu imbécil favorito. Dejáme que te de un poco de ironía. De esa tengo mucha en la reserva. Cada vez más ácida y menos lúcida pero queda. De bocadillo te sirvo mi corazón recién quebradito también. Sí, la misma mina. Bueno, ella no, las circunstancias. Como siempre ¿Viste? y el corazón es el mismo. Debería aprovechar y hacerme de una vez el transplante de corazón al mismo tiempo. Pero ya veré. Faltaría un donante y el problema es precisamente ese. La ausencia de corazones para compartir conmigo.

Me contaron cosas escalofriantes sobre lo que me pasara en Enero. Verás, lo que sucede es que he comenzado un plan maquiavélico para cambiarme por otra persona, y he decidido comenzar de adentro hacia afuera, por los órganos primero, poco a poco, que no se note mucho. Pero en el primer paso, me pondrán una cantidad de medicinas que sonaré como maraca caribeña cuando camine. Pero el sonido es lo de menos, me contaron que los efectos secundarios son lo mejor. Estos boludos de los doctores te curan una cosa pero te joden otras. Somos como “negocito”, su “rentita”, por eso los pelotudos se sonrién cuando te avisan que te van a echar cuchillo. ¿Has notado que entrás con un resfriado a sus oficinas y salís con gastritis, insomnio, ansiedad, y derivados?

Pues sí, mirá, estoy aterrado. Ya no tanto por el procedimiento necesario, sino por los benditos medicamentos. Será toda una aventura, y lo que más me jode es que la pasaré sin una fémina preocupandose por su hombre. A lo mucho, con féminas preocupadas ya por su hijo, ya por su amigo, ya por su conocido. Pero no por su hombre. ¿Comprendés? Si se muere el pibe, qué pena, hagamos velorio y tomemos cafecito, y lloremos unos 2 meses, pero nada de matarse, de morirse con él. Eso sólo a la que se le muere el “hombre” y aquí no hay caso que se asemeje, ni de lejos a que alguien vaya a perder o arriesgar en la ruleta de la vida a uno de esa especie.

Triste y angustiado flaca. Enfermo y desechado, rechazado y suprimido por la que pudo ser el amor de mi vida, la mujer de 71 aquella. Esa que merecía más y que obtuvo menos. La que quiso trasplantarme el corazón a fuerza de besos y esperanzas pero se topó conmigo y vos sabés que soy imposible cuando me pongo necio. ¿Sabés? recién la había soñado de mi mano por el parque, tomando helado, como en película italiana de los 70’s. Recién la había visualizado como preparando el café en la cocina, como despidiéndome para el trabajo con un beso en la mejilla y ojos enamorados. Recién la había visualizado como recibiendo flores y siendo feliz a mi lado, mientras yo hacia lo propio y también era feliz a su lado. Pero la vida es así. Vino y se fue, por cierto ¿vino? también tengo vino… tinto… ¿Querés?

Flaca, llegas hoy a terminar el cuadro. Por lo menos no estaré solo en esta etapa que viene a mi vida. Por lo menos vos no me desechas ni me hacés a un lado. Vos llegás en el momento en preciso y te quedás hasta el final. Hasta que deje de contar estrellas del techo de mi cuarto porque me pesen tanto los ojos que no pueda volverlos a abrir jamás. Vos flaca, te quedas y si me permites me quiero acurrucar en tu regazo, mientras me acaricias el cabello con tu mano delgada, fría, inerte. Dejáme dormir aquí un momento flaca, quiero olvidar que suena un tango de desdén y desdicha. Quiero dejar de oir el bandoneón agitarme el alma y secarme los ojos. Quiero dormir aquí, el único lugar seguro que tengo, la única compañía incondicional que me queda. Aquí con vos flaca, querida flaca… vos que tenés tantos nombres y tantos rostros. Aquí contigo a la que tantos temen. Yo no te temo flaca, eres mi amiga hace tiempo. Desde que era un niño y me escondía en mi cabeza. Por cierto querida flaca, es mentira, nadie bajará al infierno para rescatarme como en la película aquella que tanto me gusta, la de los sueños… Así que, dejáme dormir flaca.. depresión… tristeza… muerte…miedo… soledad… como sea que hoy que te llames flaca…. como sea que hoy te pintes… Dios te bendiga flaca…. no, no es ironía… ahora, dejáme dormir que estoy cansado, arrullame un momento y verás que quieto me quedo, y flaca: Bienvenida… bienvenida amor…

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