Sacando el disfraz
Comienza la temporada navideña. ¡Qué lindo! ¿no? Las tiendas con musiquita de navidad, las “ofertas”, la cacerÃas de los regalos, los villancicos, los niños del orfanato cantando en las entradas de los supermercados, los especiales en la televisión, la gente suspirando en las vitrinas, la cena de navidad, los hoteles donde hay que reservar para ir a celebrar, las botellas de alcohol que compartirás con los tuyos, las tarjetas navideñas, en fin, una cantidad increÃble de ESTUPIDECES que suceden sólo en la temporada navideña.
Claro que hay que tener dinero para disfrutar del espÃritu, porque si eres pobre ya te jodiste: Santa no llegará a tu casa, No cenarás pavo, no te regalarán tarjetas de “Hallmark”, no irás al super a oir los villancicos, no tendrás que salir el 25 de diciembre a buscar baterÃas como loco porque no tendrás juguetes a los cuales ponérselas, no irás a ningún hotel y tal vez la mayor preocupación que tengas sea:
- ¿qué comerán al otro dÃa tú y tus 9 hijos? y
- ¿Cómo carajos te quitas el frÃo?
Pero no te preocupes si eres pobre. No te pierdes de mucho. El espÃritu verdadero de esas fechas es el consumismo, no la navidad como tal. Es el deseo impulsivo de demostrar amor a fuerza de regalos y cosas materiales que se compran en los almacenes de prestigio, pero sorbre la navidad, exactamente sobre la navidad: muy poco.
Todo se consigue con dinero. El lugar para cenar, los regalos, la cena, y todo lo que se ha robado verdaderamente a la navidad. El verdadero espÃritu que reina es el espÃritu del Grinch, no el de la celebración verdadera. Si se pone atención pareciera que el argumento del Dr. Seuss, escritor de cuentos infantiles y creador del Grinch, no erró al crear un monstruo tan lindo que se robaba el verdadero espÃritu navideño. Es verde y feo, pero adorable al mismo tiempo. Justo como la sociedad actual en casi cualquier paÃs, ya latinoamericano o anglosajón abraza la idea del consumismo en las fechas navideñas.
A mi realmente me importa poco. Este año también saco el disfraz del closet para vestirme de Grinch. Tal como sucediera el año pasado, estoy listo para poner el letrero de “abierto” al club de los Grinch en donde una buena cantidad de amigos nos congregamos para celebrar que no celebramos. Algunas cosas no cambian, y mi disfraz del Grinch está en esa lista.
Obviamente, hablaremos más del tema porque me encanta hacer enojar a los que defienden sin causa los impulsos de compra. Más sobre el tema en posteriores publicaciones.
Para finalizar dejo una foto especial que encontré en la red. El Grinch romano. Con todo respeto claro. Cualquier parecido con el Grinch del Dr. Seuss es mera coincidencia. ¿Sabes quien es? (una pista: es Papa y vive en el Vaticano)









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