911Ave al oído
posted by José Balmart on April 29th, 2008
Debo postear este email que me ha llegado de una mujer sumamente especial. Debo publicarlo porque en verdad que es alguien que conoce a José Balmart a la perfección y es parte del “club” privado y selecto del cual formamos parte sólo algunos, muy pocos, ella por supuesto.
La imagen de un ave posada a en mi hombro hablándome al oído es sumamente cautivante para mi debilidad por imaginar y por soñar a granel. Querida Ave, este es mi premio por “volar” hasta donde estabas, no necesitaba tal, pero lo acepto porque soy un fácil por las letras, y cuenta con mi oreja, mis ojos y mi boca (mmmm…. mi boca) para cuando te sean necesarias
Un placer ser parte de tu mundo.
Ahora, el correo que copio y pego íntegro:
José Balmart estaba descansando. Juramos lo anterior; por una noche no había salido de juerga. A mitad del beta, el gamma o clasificación científica que se le quiera dar a los estados del sueño, José acomodó la oreja. Su oreja estaba dispuesta a escuchar, prestar atención y tiempo a un ave… importándole poco el cansancio.
“Porque deslumbras te han abandonado físicamente José. Sólo físicamente, pues aquéllas hembras ansiosas por verse envueltas en tus letras no se van. Tú crees que el abandono es inmenso y corres buscando ayuda profesional… José; el que busca siempre. Eres José el que jamás se conforma. ¿Comprendes ahora?
La realidad es que tus lugares están colmados de pasión y no necesitas la pasión mundana para reafirmar que existes… sólo que no te lo has dicho. Dilo en voz alta José. Sabes bien que las ausencias son herramientas poéticas y tú no conoces hasta ahora otro mundo que la poesía de amar. Amas con locura, porque reconoces la locura… es entonces cuando las bocas urbanas se tienden a adorarte y después se alejan. Tiene lógica Señor Balmart… toda lógica.
Y porque deslumbras con los adecuados movimientos, palabras y nociones, al final del día te sientes dolido en múltiples partes. Pero lo sabes. Sabes que esa multiplicidad del “yo”, del alma hirviendo, del suplicio por compañía y soledad fortuita, son maravillosas características de tu espíritu José y jamás, ¡jamás! deberás arriesgar eso. No tú. No mi buen José”.
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